Pregúntale al Viento
por Oscar Portela
La película "Pregúntale al viento" (Chiedi alla polvere), adaptación de la homónima novela del ítalo-americano John Fante, escrita y dirigida por Robert Towne, premio Oscar por el guión de Chinatown (1974), escenifica fuertes pasiones en un mundo de sufrimiento.
Colin Farrell, Donald Sutherland, Justin Kirk, Salma Hayek, Idina Menzel, Eileen Atkins
Director: Robert Towne
Productor: Jonas McCord, Paula Wagner, Tom Cruise
La seudo erudición dirá que se trata de un folletín aburrido y sin trascendencia. Los más sutiles dirán que está “sobre-actuado” y que al final, en el filme que trata acerca de alguien que pretende ser escritor en épocas de colapso y termina no pasando nada. Estos cinéfilos son dignos solo de filmes al estilo Resnais, supongo. Aunque de ahí para abajo se pueda estetizar a Tarantino.
En realidad por primera vez Hayeck me sorprende. Primero por su hermosura.
Luego porque acierta con el patetismo que requiere el melodrama y por atrapar el personaje desde el primer momento como un ser desesperado que solo lucha por sobrevivir en medio de aprensiones y en una época y que marcó todo un trance en la lucha contra la hipocresía de una sociedad que vive y vivió, por y para la violencia: Estados Unidos.
Hayeck logra hacer recordar a la mujer gato encarnada magníficamente en la década de los cincuenta por la inigualable Jennifer Jones y vibra en ella el temple de la valerosa Dolores del Río.
No se trata aquí de radiografiar el alma de alguien que desea ser escritor, sino de un ser humano que va descubriendo quien es, que es la escritura, y que relación tiene la esta con el propio cuerpo y con los otros.
Ni tan siquiera se trata de un analisis introspectivo realizado por el escritor en el decurso de llegar a ser escritor. Es posible que lo sepa el final cuando llega el fracaso – cuando admite pertenecer también a la casta de los humillados y ofendidos. Un “tano”, “un gringo más” en el paraíso artificial del gigante del Norte.
Pero las decisiones se enfrentan con lo irrevocable. El amor que según Wilde siempre mata lo que más ama hará que la analfabeta mexicana en quien a través de quien logró superar sus confusiones, fobias y cobardías le muestre el lado oscuro del amor, esto es, el duelo de morir primero en aquellos a quienes se ama. Una historia edulcorada y retorcida -como todo melodrama– desde “Camille Claudel” a nuestros días que no pega con la sensibilidad del momento.
Y para terminar cuando alguien habla de una actuación natural cada día se que no se nada del cine: solo recuerdo aquella frase de Miss Davis espetada en el rostro de uno de sus directores: “el arte es más grande que la vida”.
De Colin Farrell solo diré que agrega a su belleza de neto corte latino, la pericia actoral de quien estudió teatro en Dublin, la patria de James Joyce. Su Arturo Bandíni no es ni Scott Fitgerald, Steinbeck, Dos Pasos, Faulkner, Hemingway, ni Caldewell. Es un patán que sueña en mitad del gran sueño Americano.
Y Colin es un actor soberbio que espera aún esas grandes oportunidades que los más atrevidos saben tomárselos solos.
Oscar Portela |