Un MacBeth fascinante

por Oscar Portela

Y los ingleses siguen dictando cátedra de especiales para televisión. Mal que le pese a la señorita Ágata Christie no son sus novelas de salsa gótica las que mas fueron adaptadas a la pantalla sino las de un señor llamado William Shakespeare.

¿No les resulta raro en éstos tiempos de tanto fotograma light, que los guionistas y directores se empecinen en “adaptar” lo aparentemente inadaptable? Digo adaptar porque no se trata de versiones canónicas que sigan el ritual trágico de las grandes tragedias u comedias del Cisne de Avon al modo de Kosintsev, Welles, Brocks u Olivier, sino de los realizado innumerables veces, incluso en la selva de Hollywood.

Ver acá en la sociedad que vivimos las “mismas” pasiones que desataron siemprelas grandes tragedias del destino del hombre sobre la tierra. Como dice Domenach –la tragedia no nos cura de la tragedia- pero puede enseñarnos ,antes de suicidarse, a corregir las trampas que nos tendemos a nosotros mismos como arañas atrapadas en su misma tela.

Así la lascivia del poder, las traiciones políticas a la orden del día, no solo pertenecen al suelo de los Atreidas, sino constituyen el oxigeno cada día con más poluciones éticas y morales de la sociedad en que vivimos.

De este modo Ricardo III es una imagen no idéntica pero sí aproximada a la de Hitler y el cine los equiparó. Si los franceses hubieses tomado en serio a Moliere afirma Domenach, se hubiera podido evitar la trágica línea “maginot”.

Pero nuestros hombres públicos están demasiado ocupados para distraerse con las fruslerías de la tragedia. Las de doy que son las de ayer de modo tal que somos apenas el doble del teatro trágico parodiando a Artaud. Este MacBeth ya adaptado por Kurosawa hace años al cine ("Trono de sangre") se desarrolla en las lujosas instalaciones de un gran restaurante londinense de hoy. Y allí en la cocina está el mitico palacio donde se van a cometer todos los crímenes y todas las traiciones a que
nos tiene acostumbrados el mundo de la política y el dinero. En fin el poder y la hipocresía.

No resulta necesario maravilla de interpretes saber que uno está en presencia de MacBeth luego de contemplar el rostro y sus infinitos matices –extrañamiento, exaltación, locura- que este actor Escocés llamado James McAvoy trae para delicia de quienes amamos la interpretación. Supera con creces al Jon Finch dirigido por Polansky para la pantalla grande.
Su interpretación roza lo perfecto y el filme es dirigido con la pericia de los grandes por Mark Broseck y su guionista. En su “Banquo” el actor Joseph Millson hace una extraordinaria creación y cada un de los actores del elenco sabe dar su respuesta al otro en un trabajo de equipo difícilmente superable.

II

Una vez más ignoro si su casa de video más cercana tendrá este filme.
Pero no referirme a él significa decir que el cine se reduce a thrillers de mala calidad u actores elevados al rango superlativo de estrellas de estrellas cuando no hacen sino el caricato de si mismos como ciertos políticos lo que significa estar alienados a la industria de Hollywood.

Pero no es así y esto muestra que existe un cine excluido, que espera ser revisado para la salud de nuestra cultura.

No solo la erudita sino la ciudadana y la política.

Oscar Portela

     
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