Nietzsche,
Sonámbulo del día
Por
Oscar Portela
Nietzsche
hoy
..."lo último que deseo es "fama" y "ruido"
en los periódicos y "veneración de discípulos";
he visto demasiado de cerca lo que todo ello significa hoy. Me sentiría
en medio de ello mas solitario que ahora, y quizás aumentaría
espantosamente mi desprecio de los hombres". (A su hermana,
Sils María, a finales de julio de 1885).
La
relación de la época de Nietzsche es sin embargo equívoca.
El no pidió oficinas de prensa y propaganda, sino apenas
un pequeño grupo de personas que me quieran oír y
entender, y estoy sano. (A su hermana, Sils María, 8 de julio
de 1886). Tuvo no obstante, exégetas de todo tipo, "fieles"
discípulos y organizaciones de propaganda. Ello y de múltiples
modos, fue previsto por el.
"El
sentimiento de que hay en mí algo muy lejano y extraño,
de que mis palabras tienen otro color que las mismas palabras en
otras personas, de que en mí hay mucho primer plano multicolor
que engaña, este sentimiento exactamente, que en los últimos
tiempos me ha sido atestiguado desde lados muy diversos, es todavía
hoy, el grado mas exquisito de "comprensión" que
he alcanzado hasta el presente. Todo lo que hasta ahora he escrito,
es primer plano; para mi mismo comienzo siempre con los puntos suspensivos"...
La
relación de Nietzsche con la época es la de la historia
universal con sus fundamentos. Nietzsche supo que la confusión
no solo sobrevendría, sino que era necesaria. "Huelo
a quinientos pasos la confusión de que soy objeto",
dice a su hermana, el 3 de noviembre de 1886. A los 77 años
de su muerte, la confusión subsiste, aunque atenuada por
los esfuerzos de Heidegger, Lowith, Fink y los franceses Bataille,
Blanchot, Derrida, Deleuze y otros. La dificultad no reside sin
embargo en lo dicho, sino en la experiencia que se anuncia en su
lenguaje y en lo que este oculta.
Nietzsche
vivió su vida como un teatro donde se desenvolvía
y epilogaba una batalla. La historia universal hegeliana como la
hibridación de ser y apariencia, en la absolutización
de la metafísica de la subjetividad, donde el hombre, como
"el ser en el todo en su devenir se ha hecho ser" (Blanchot:
Nietzsche y la escritura fragmentaria") va a hallar en las
claves e su pensamiento y su vida, el desenlace y la puesta en marcha
de un viraje donde todas las categorías del pensar occidental
son puestas en tela de juicio. El pensador, en este sentido, asumido
por Nietzsche y repensado por Heidegger, es un destino, una fatalidad,
una necesidad.
Llegados
a este punto, es necesario señalar que nada tan alejado de
la pura biografía y el puro símbolo de una subjetividad
avasallante, como el pensar de Nietzsche nos habla de la fuerza
"soberana" que se expresa en toda filosofía, se
refiere sin dudas al Pathos de la fuerza objetiva que opera detrás
de toda exégesis o enunciación interpretativa. Nietzsche
es pensador, aún cuando haya preguntado irónicamente
si le asistía el derecho de ser llamado filósofo.
No puede explicitarse su pensar a fuerza de biografía, ni
esta a partir de la multiplicidad de su "letra". Nietzsche
no es un místico, ni el profeta de una religión de
salvación o redención del hombre, he ahí precisamente
lo problemático. El hombre como error y la historia como
extravío, a partir del día en que se invento el conocimiento
y con "ello" el prejuicio teleológico del fin.
En
el prejuicio teleológico del fin descubre Nietzsche el postulado,
la piedra de toque en la constitución de la metafísica
como moral. En lo que Heidegger mas tarde llamará "ontoteología".
A partir de ahí, y disfrazando su crítica a la metafísica
de psicología, y su ontología de axiología,
Nietzsche se lanza a la destrucción del lenguaje, de la cultura,
la religión y las psicologías del resentimiento, operando
una transvaluación de los conceptos de ser, cosidad, sustancia,
yo, sujeto: en juego, fuerza, voluntad, repetición, diferencia:
considerando las primeras como prejuicios de una voluntad de la
"nada", a no tener ninguna voluntad": "Genealogía
de la Moral"
Los
martillazos a la religión son crítica al desplazamiento
consumado en la filosofía platónica, en tanto se considera
lo divino como lo más ente. Nietzsche critica de este modo,
extrañamente, el principio de la metafísica de la
subjetividad que combate Heidegger. En este sentido, la filosofía
de Nietzsche no puede caracterizarse ya ni como una filosofía
de la inmanencia, ni como una filosofía de la trascendencia.
El
principio de la ontología nietzscheana oculta tras el ropaje
de la estética, (en "El origen de la Tragedia"),
piensa ya el ser como la contrapuesta unidad de iluminación
y ocultamiento, de cielo y de tierra, en el juego y la danza de
Zeus como alianza del ser y devenir en la afirmación dionisíaca:
Así la afirmación va a ser pensada por Deleuze en
Nietzsche, como doble afirmación: "En sí misma
y como primera afirmación, es devenir. Pero es el ser en
tanto que es objeto de otra afirmación que lleva el devenir
al ser o que extrae el ser del devenir" ("Nietzsche y
la Filosofía"). Esta visión que parece evadirse
de la misma filosofía, le hace decir a Blanchot, hablando
de Dionisios como plus de la afirmación: "Y la afirmación
del Dios no es el renunciamiento atrevido a la unidad que permanece
unida al pluralizarse. La fragmentación es el Dios mismo,
aquello que no tiene ninguna relación con un centro, no soporta
ninguna referencia originaria y que, por consiguiente, el pensamiento,
pensamiento de lo mismo y de lo uno, el de la teología, lo
mismo que el de todas las formas del saber humano (o dialéctico),
no podría acoger ni falsear". (Blanchot: "Nietzsche
y la escritura fragmentaria").
Es
que Nietzsche prepara una nueva experiencia de lo sagrado.
La
critica de la metafísica platónica, que termina considerando
al ser como luz, dice la fuerza inaprensible por ésta: "El
mundo es más profundo que lo que el día lo piensa".
La luz misma es ocultamiento y alumbra en un espacio que no le pertenece,
espacio de la voluntad de poder, no como ser o devenir, sino como
pasión de la diferencia: "La danza afirma el devenir
y el ser del devenir,; la risa, las carcajadas, afirman lo múltiple
y lo uno de lo múltiple; el juego afirma el azar y la necesidad
del azar". (Deleuze: "Nietzsche y la filosofía"):
"Aquí ser y nada son únicamente expresión
abstracta de la afirmación y la negación como cualidades
de la voluntad de poder".
Eterno
retorno, voluntad de poder, superhombre, hablan aún para
algunos el lenguaje de la metafísica. Su mensaje sueña
por eso extraño. El diálogo con este pensar, solo
nos será dispensado por los oscuros avatares de la historia
que el mismo promueve.
Para
otros, en cambio, dice aquella experiencia ontológica que
rebasa toda metafísica confinada al reino de las esencias,
en donde la voluntad queda encadenada al tiempo como caducidad,
y al ser como presencia. En el pensamiento plural se halla la superación
de la metafísica. Así parece pensar Fink, contra Heidegger,
quien en sus últimos años, duda en seguir considerando
a Nietzsche preso en la hibernación de la metafísica:
así pudo preguntarse si éste pertenecía aún
al reino de la filosofía.
Superhombre
es aquel capaz de dar un sentido afirmativo al acontecer plural
de la muerte de Dios como caducidad en la duplicidad ontológica
entre esencia y apariencia. Superhombre es aquel capaz de afirmar
toda descarga de lo que vive y para decirlo con palabras de Eugen
Fink, la "aletheia de un hombre abierto al mundo"... "El
elemento alciónico de la imagen del superhombre alude al
jugador, no al déspota o al gigante técnico".
Por eso, "El hombre que juega, el hombre que está estáticamente
abierto al Dios Dionisios, dios que juega, dios informe y formador,
no vive en el capricho de una libertad incondicionada; es partícipe
del juego del mundo"..."Expresa la armonía cósmica
(entre el hombre y el mundo), en el juego de la necesidad".
Al
comenzar estas letras dijimos que la relación de Nietzsche
con la época era equívoca. La falsificación
llevada a cabo con la letra de su obra, ha sido esclarecida hace
tiempo. Nietzsche pensó las disyuntivas políticas
en la esfera de las decisiones metafísicas, que competían
a la historia de occidente como un todo susceptible y necesario
de ser llevado hasta el acabamiento de su origen. Detestó
por ello las políticas de primeros planos y los nacionalismos
o racismos de cualquier índole (como antropologísmos),
y despreció dolorosamente el carácter extraviado del
origen griego occidental del pueblo alemán, tanto como el
antisemitismo que no le permitió tratar a su cuñado.
Una
vez escribió a su madre y a su hermana (Niza, 21 de marzo
de 1885): "Entusiasmo por el "ser" alemán
no tengo, desde luego mucho, y menos todavía el deseo de
mantener pura esa "magnifica" raza. Al contrario, al contrario"...
Para
todo ello no fue tenido en cuenta y habla según Heidegger
de lo que ha quedado aún sin decidir.
Por
eso, el máximo pensador de éste siglo, pensando su
filosofía como un texto de Nietzsche leído al revés,
aconsejó hace tiempo dejar al solitario Sils, para luego
leer el Zaratustra como la metafísica del estagirita, si
bien no de idéntica manera: tal que el mismo Nietzsche observara,
hay en su letra distintos planos que confunden. Lo dicho, que a
veces oculta lo que el pensar intenta confesar dificultosamente
con un habla que aún no le pertenece y que dice: Superhombre
es aquel que se abre al origen de la caducidad de todos los entes,
de las humánitas, y como señor de la tierra no usurpa
el ámbito desierto de lo divino, sino inaugura el espacio
ilimitado del juego como otro ámbito de apertura del hombre
hacia los entes.
Pero
entendamos al fin que todo autentico diálogo como apropiación
creadora, no entiende "jamás el texto mejor que lo entendió
su autor, sino de otro modo. Solo que este otro modo debe ser tal
que alcance lo mismo que el texto comentado, pensó".
(H. W. Heidegger).
NIETZSCHE
SONAMBULO DEL DIA
Conferencia
pronunciada en las Jornadas de Filosofía organizadas por
la fundación Origen, presidida por el filósofo Silvio
Maresca, y publicada en el tomo Filosofía en Actas, de la
Editorial Catálogo, en el més de junio de 1992
El
páthos que anima la obra de Nietzsche, continua siendo para
nuestra época decididamente nietzscheana un escándalo.
Mientras más tardemos en definirnos con respecto a ella y
a su tonalidad, mas demoraremos en encontrar salida a ciertas aporías
que afectan al pensar y las representaciones usuales acerca de la
relación entre arte y razón. Parecería inútil
hablar de la poesía de Nietzsche cuando toda ella se encuentra
ensimismada en los confines de Zaratustra. De donde viene, sin embargo
el habla de este libro cada vez más inquietante, sino de
experiencias largamente olvidadas por un pensar que temía
verse arrastrado por el canto de sirena de la poesía?. Digamos
que estas pulsiones controladas debían aparecer inevitablemente
para iluminar los atolladeros de un pensar atascado en ventisqueros
y riscos de una tabla que se sobrepasa asimismo.
Los
escritores han reprobado usualmente como impotencia y extravagancia
del pensar su intento por expresar poéticamente ese "plus"
de un habla que se pronuncia solo allí donde pierde el dominio
de sí misma. Recordemos a Gide: "Por séptima
u octava vez, he hecho un intento con Así habló Zaratustra.
Imposible. El tono de este libro me es insoportable. Y toda mi admiración
por Nietzsche no consigue que lo pueda soportar. Finalmente me parece
que la obra total tiene un poco el carácter de una supererogación;
no tendría importancia si los otros libros no existieran.
Constantemente me hace el efecto de que tienen celos de Cristo;
se ve que quiere dar al mundo un libro que se pueda leer como se
lee el Evangelio (recordar al paso que Gide había leído
la Agonía del Cristianismo). Si este libro de Nietzsche se
ha hecho más célebre que todos los otros, es porque,
en el fondo, es una novela. Pero por esto precisamente, se dirige
a la clase más baja de sus lectores; a los que tienen todavía
necesidad de un mito. Y lo que más me gusta en Nietzsche
es su odio a la ficción".
La
ceguera del autor de Téseo no puede llamarnos al asombro,
de que sea precisamente el lenguaje como ficción pura poiesis
engendrador de mitos allí donde habla el pensar más
elevado. Veamos ahora opinar a un odiador de todo nietzscheismo:
"Por mi parte tengo la mayor aversión por los trepidantes
y los "líricos", como por esos horribles perritos
terriers que, al ponernos las patas encima, nos comunican el temblequeo
que sacude su cuerpo miserable. Nunca tuve, por lo demás,
el valor de tragarme uno de esos tomos que usted alaba. Básteme
una cita como la que hace: "Al hombre lo quiero lo más
orgulloso, lo más viviente, lo mas afirmativo; quiero al
mundo y lo quiero tal cual, y lo quiero aún, lo quiero eternamente".
¿No siente el horror y la vulgaridad de estas repeticiones
(que constituyen el fondo del estilo como también de la filosofía
de Nietzsche) de un hombre que quiere decir algo y no puede lograrlo,
y que se excita con honrosa volubilidad?. ¿Como gustar de
una poesía tan antimusical? ", le escribe P. Claudel
a Gide.
Si
los poetas han retrocedido con horror ante la posibilidad de un
resurgimiento de Eleusis, los filósofos han ido más
lejos en considerar la apostasía. Heidegger, lo sabemos,
ha pagado caro su apelación al silencio como la voz muda
del ser, lo antepredicativo del enunciar poético. Al respecto
escribe: "Como nos será posible meditar alguna vez sobre
la relación tantas veces mencionada entre el pensar y el
poetizar mientras ignoremos que significa pensar y no pudiendo,
en consecuencia, meditar sobre lo que es la poesía";
y luego: "La poesía occidental y la literatura europea
son dos poderes abismalmente distintos de nuestra historia".
Al respecto acota: "Donde el pensar contrasta con la ciencia
adquiere, considerada a partir de ésta, la apariencia de
una poesía malograda". ¿No ha sido ciertamente
para los poetas el poetizar nietzscheano poesía malograda
y para los filósofos, pensar propenso perderse en los laberintos
de Cocaló de la iniciación poética?.
Eugenio
Trias dice con respecto al Zaratustra: "De ahí que sea
un mito, es decir, una narración que versa sobre acontecimientos,
aquello donde se coagula la filosofía nietzscheana: los cantos
de Así habló Zaratustra. De ahí también
la necesidad de escenificar el pensamiento y el que pronuncia el
pensamiento: el Yo". Se trata de una nueva tirada de datos
donde el azar hablará por boca de la fábula: "Fábula
- escribe Klossowski - procede del verbo latino fari, a la vez predecir
y divagar. Predecir el destino y divagar porque fatum, el destino,
es también el participio pasado de fari, así cuando
se dice que el mundo ha devenido fábula, se dice asimismo
que es el fatum, se divaga, pero al divagar, se vaticina y se preside
el destino". Decir nuevamente el principio de todas las cosas
es el principio de retorno donde nada ha comenzado nunca y todo
está ya terminado.
De
entregar la filosofía el poema califica Badiou el postestructuralismo
francés: " la vía - dice refiriéndose
a Heidegger - que propone no es la de la filosofía, según
el, realizada por la técnica, sino aquella presentida por
Nietzsche, incluso por Bergson, prolongada en Alemania por el culto
filosófico de los poetas, en Francia por el fetichismo de
la literatura (Blanchot, Derrida, Deleuze incluido...) que delega
lo esencial del pensamiento a la condición artística.
Comentando un texto de Hölderlin, Heidegger abandona sin resolver
una cuestión que, al quedar insinuada deja sin suturar lo
que en el corpus Nietzscheano está aún por ser asumido:
la época de penuria. "La inmediata proximidad - dice
- de los dos verbos "ha pensado" y "ama", forma
el punto medio de este verso. El querer descansa en el pensar".
Extraño racionalismo aquel que fundamenta el amor en el pensar;
es un pensar fatal que está a punto de volverse sentimental.
Volverse fábula, diríamos nosotros. Teatro de afectos
y pulsiones, ámbito donde se escriben extrañas huellas
de inefable intensidad: habla poética; teatro de una forma
de la crueldad en la que se anuncia una nueva experiencia de lo
sagrado; tiempo y espacio como juego de un mundo que debe pronunciarse
nuevamente para no perderse en el olvido del pasado. Lo característico
de esta experiencia preanunciada por Holderin en la experiencia
del vacío de los hombres sagrados, la presencia del Dios
oculto y aun sin nombre que espera la hora de su advenimiento.
El
Demónio de la Melancolía.
A
los 16 años Nietzsche escribe, perseguido por el demonio
de la melancolía, que nunca lo abandonaría y por un
precoz cansancio del mundo:
"Ay,
si en mi cansancio del mundo
pudiera
volar lejos
y
como la golondrina hacia el sur
caminar
hasta mi tumba:
el
aroma de la tarde de estío alrededor mío,
y
cintas doradas.
Aroma
de las rosas de las coronas mortuorias
y
risas infantiles y discursos".
La
ruta esta prefigurada ya sin saberlo. Hacia el sur para salvarse
de la nausea del mundo: "La verdad es que a propósito
de todo joven yo acostumbraba a fechar la época de autoconocimiento
precisamente en el momento en que éste arrojaba sus poemas
al fuego, exactamente como hice yo mismo en Leipzig. ¡Paz
también para estas cenizas! ", escribe en 1866. Olvido
para estas insignificantes cenizas, pero no para el alma de un hombre
que había sellado la apetencia de vida y el gusto de la muerte,
consumando una vez más el olvido de la metafísica
con un gesto, donde esta rinde homenaje a Platón y exorciza
la visión de lo orgiástico cegándose ante lo
inevitable del destino.
El
cansancio del mundo propio del temple romántico será
luego el Daimón de Zaratustra y el Dios escondido, la experiencia
primera acerca de la imposibilidad de Dios. "Mi Dios - no Dios
(dirá luego Nietzsche) -, es el verdadero signo de la religiosidad.
De
aquella época data el poema que mejor refleja la búsqueda
de Nietzsche de una nueva experiencia de lo divino. Helo aquí:
"Una
vez más, antes de que me marche
y
mis miradas lance hacia el futuro,
vuelvo
a elevar en soledad las manos.
Hacia
ti, a quien me acojo,
a
quien solemnemente he dedicado
altares
en mi corazón, en lo más hondo
de
él, para que en todo tiempo
tu
voz vuelva a llamarme."
"Sobre
ellas arde
profundamente
inscrita
esta
palabra: al Dios desconocido:
soy
tuyo, aunque uno más entre los
malhechores
yo
haya venido siendo hasta el momento:
soy
tuyo - y los lazos percibo
que
en la lucha tiran hacia mi hacia abajo
y,
aunque quisiera huir,
me
fuerzas a servirte."
"Desconocido:
conocerte quiero
a
ti que penetras en mi alma,
que
mi alma atraviesas cual borrasca
¡tú,
incomprensible, afín a mí!
Yo
quiero conocerte, y aún servirte."
Voluntad
de conocimiento y necesidad de absoluto se dan la mano y luchan
en la experiencia poética por dar forma a lo informe, es
decir, a lo que carece de nombre. Nietzsche abre de un portazo el
mundo del desierto propio de la experiencia nómade y con
ello, todos los riesgos de la experiencia posmoderna. Por eso Nietzsche
sigue siendo el más grande. Es aquí donde aún
hoy sigue extraviándose el pensar contemporáneo. Así
Colli, a quien no podemos seguir cuando afirma: "Nietzsche
poeta no es otra cosa que Nietzsche filósofo, y ni siquiera
más esotérico (...), porque dicha poesía se
une intrínsecamente a toda la prosa de Nietzsche, y muchas
otras cosas en el fondo, es decir, carece en sí de una autonomía
expresiva auténtica".
Creemos
sin embargo, que lo que para Colli aparece como un déficit
- autonomía expresiva - constituye lo más propio y
personal de una experiencia poético filosófica fundante.
La poesía no es ya solo expresión, es experiencia
de un vacío que constata abismándose allí donde
solo se arraiga el pensamiento y por ello, deja detrás de
sí y por debajo de sí, el orden del discurso y el
de la pura nominación del habla poética. Más
cerca de la verdad, Bachelard escribe: "Y, a nuestro juicio,
la poética de Nietzsche desempeña precisamente ese
papel precursor, prepara la moral nietzscheana". Pero yerra
también cuando pretende fundamentar la autonomía expresiva
de la imagen literaria de este modo: "El ejemplo de Nietzsche
es notable, puesto que manifiesta una doble vida: la vida de un
gran poeta y la vida de un gran pensador. Las imágenes nietzscheanas
tienen la doble coherencia que anima - por separado - la poesía
y el pensamiento".
El
Nietzsche poeta no es anterior ni viene en ayuda o convive con el
Nietzsche filósofo. Ya en 1861 con la seguridad propia de
un iluminado, escribe la famosa Carta a un amigo en la que le recomienda
la lectura de mi poeta favorito. Cien años antes que Hallingrath
reivindica para su tiempo la experiencia y el lenguaje de Holderin.
"Esos versos - dice - (para hablar únicamente de la
forma externa), han brotado de un alma purísima, delicadísima
esos versos que con su naturalidad y orginariedad oscurecen el arte
y la elegancia formal de Platón, esos versos que a veces
se ondulan con un sublime aliento de odas, y a veces se pierden
en los más delicados sonidos de la melancolía (...),
el más puro lenguaje sofócleo y con una riqueza infinita
de hondísimos pensamientos". La palabra "melancolía"
denota una vez más comunes procedencias de un temple de ánimo
con el que más tarde buscaría romper definitivamente
Nietzsche. Su profesor escribió para confundir más
las huellas del laberinto: "Tengo que dar al autor el amigable
consejo de que se apoye en un poeta más sano, más
claro, más alemán".
Hasta
los epigramas de la Gaya ciencia, Nietzsche olvida el escribir versos.
Nietzsche simplemente olvida. El olvido, lo sabemos, constituye
un ejercicio como muchos y los pensadores - Nietzsche lo sabrá
mejor que nadie - son duchos en esta tarea. El aforismo lo llevará
nuevamente, sin delatar el movimiento de retorno, hacia las fuentes
vivas de una cosmovisión poética del mundo, que será
siempre musical, porque en todo este tiempo Nietzsche sigue torturado
por el ritmo y la melodía y escribe música con bastante
frecuencia.
"El,
para pasar el tiempo, una palabra
vacía,
contra el cielo disparó,
Y
herida por tal flecha en lo alto,
una
mujer caída se encontró".
Confundido
por las reacciones de Nietzsche frente al fracaso de una sistémica
englobante y totalizadora concepción del mundo, Colli escribe
al respecto: "Es notable que este fracaso final, no sea acompañado
en absoluto por un aflojamiento, por un estado de depresión,
sino que se manifieste, por el contrario, un sentimiento de ligereza;
el de haberse sacado de encima un pesado lastre, e, inclusive más
exaltación y una euforia irreversible". Así cree
que para acercarnos al poeta falta " una suficiente caracterización
de forma y contenido", justamente allí donde los poemas
muestran un estado patológico que presenta las derrotas del
pensamiento especulativo como conquistas "mediante una transpropiación
aberrante que tiende frenéticamente a rápidas realizaciones
literarias". Allí donde Colli ve un vacío en
el que se inscriben rápidas realizaciones literarias, Klossowski
ve el modo en que el pensar ha trabajado subterráneamente
para liberar el páthos de la visión poética
y liberar, en la imaginería de la parodia, las pulsiones
dormidas durante mucho tiempo. "Pero esta supresión
del mundo aparente - escribe Klossowski - con su referencia al mundo
verdadero se traduce por un largo proceso que solo se puede seguir
en Nietzsche si se tiene en cuenta la coexistencia en él
del sabio y del moralista, más esencialmente, del psicólogo
y del visionario; de ahí resultan dos terminologías
diferentes, que por su perpetua interferencia forman una trama que
no podría deshacerse: la lucidez del psicólogo destructor
de imágenes no habrá hecho a fin de cuentas sino trabajar
para el poeta, o sea, para la fábula, cuando, al querer estructurar
la experiencia vivida del poeta, ese sonámbulo del día,
el psicólogo, descubre las regiones en que él mismo
soñaba en voz alta".
Zaratustra
- acota Klossowski - es en cierta forma el astro del que Nietzsche
no será más que el satélite, mejor, diría
yo, Nietzsche, tras haber desbrozado el camino para el triunfo de
Zaratustra permanecerá en retaguardia en una posición
de sacrificio en el curso de una retirada victoriosa". De este
modo, el Nietzsche para cuyas imágenes aún el pensar
de hoy se muestra remiso, no es sino aquél que da al mito
el poder de diferir ampliando el territorio del sueño hacia
el momento en que el mundo deviene fábula y el principio
de identidad, intensidad y parodia. Dionisios es finalmente el Dios
que nos remite a un más allá de la identidad y es
solo intensidad y huella. Paul Valadier ha escrito bellamente: "Mientras
el Dios cristiano deja morir a su hijo sin morir él, el Dios
Dionisios pasa por la muerte, por ser auténticamente signo,
debe querer borrarse y desaparecer. Para permitir de nuevo la afirmación,
su presencia debe ser ausencia. Es camino, como lo es el hombre.
No contentándose con indicar al hombre el camino, sin él
(tras) pasarlo, este Dios pasa y muere verdaderamente".
A
pesar de ello, el discípulo de Dionisios no estará
jamás lejos de la tenaz melancolía y de ello dará
cuenta Zaratustra, pero mejor aún, los destellos de los Ditirambos
Dionisíacos, actos sacrificiales en los cuales el nombre
también debe desaparecer, pasar del otro lado, ser puro estado,
ser señal, ser pura huella.
De
este temple da testimonio el siguiente fragmento:
"Naves
perdidas. Restos esparcidos,
envejecidos
soles,
mares
del porvenir, inescrutables
cielos.
Yo lanzo mi dorado anzuelo
a
todo aquel que solitario vive.
Dadle
respuesta a la impaciente llama.
Pescad
para mi que pesco en las alturas
mi
última soledad".
Conciencia
extrema de la crueldad de todo acto creador de destino, Nietzsche
vuelve a menudo hacia atrás sus miradas para ver lo que pudo
ser y no fue. Los Ditirambos son peones en medio de un campo minado
de cadáveres, en el cual el vencedor ya no se reconoce a
sí mismo sino por el número de sus victorias y por
la fatiga que a veces lo embarga. "¿Acaso anduve mi
camino presto - pregunta - puesto que mis pies encuentro fatigados?
".
Fatiga
pródiga después de la cosecha, victoria sobre los
deseos y sobre la fatalidad; el que va a ser sacrificado canta de
este modo:
"En
torno mío el juego de las olas
únicamente
siento; lo que un día
pesaba
sobre mi se ha sepultado
en
el azul arcano del olvido.
Detiénese
mi barca ya indolente;
carreras,
tempestades, los deseos,
las
locas esperanzas, sumergido
está
todo en el mar, y el alma mía
calma
y serenidad han recobrado".
Serenidad
y calma, y atención a la soledad donde va a ser ejecutada
la tragedia de quien se atrevió a querer más allá
de la voluntad tal como suena, dulcemente ominoso, en este canto:
"Junto
al puente me hallaba
hace
un momento en la grisácea noche.
Desde
lejos un cántico venía:
gotas
de oro rodaban una a una
sobre
la temblorosa superficie.
Todo,
góndolas, luces y la música
ebrio
se deslizaba hacia el crepúsculo...
Instrumento
de cuerda, así mi alma,
de
manera invisible, conmovida,
en
secreto cantábase, temblando
ante
los mil colores de su dicha
una
canción de góndola.
¿Alguien
había que escuchase a mi alma? "
En
todo momento se trata de dar forma a lo incomunicable, de in-formar
lo informe, de seducir la beance (caos o abismo en una de sus posibles
traducciones). Nietzsche canta bajo un péndulo fatídico
en la hora de suprema tensión y angustia - incit tragoedia
- donde la sospecha desdibuja el contorno de las cosas y la luz
confunde la sombra del viajero con su cuerpo:
El
"II canto de la danza de Zaratustra dice:
"Acabo
de mirar en tus ojos,
¡Oh
vida! Oro he visto lucir
en
tus ojos nocturnos,
y
ante esa voluptuosidad
han
cesado los latidos de mi corazón.
Una
barca de oro
he
visto brillar sobre las aguas
de
la noche, una cabeceante barca de oro
que
se hundía,
reaparecía
y volvía a hacer señas".
Y
en el final de "Los Siete Sellos":
"Si
alguna vez extendí cielos apacibles sobre
mí
y
volé con alas propias,
hacia
propios cielos,
si
nadé retozando en profundas lontananzas
de
luz
Y
si una sabiduría alada fue el logro
de
mi libertad".
Victoria
de Marcias sobre Apolo en la que el Dio cruelísimo estalla
en la fragmentación de Dionisios y en el sacrificio órfico
en el cual puede verse poéticamente concebido el juego del
mundo como modo en que el espacio se temporaliza:
"Mira,
no hay arriba ni abajo,
ve
de un lado a otro,
de
arriba hacia abajo,
de
delante hacia atrás,
tu,
que eres ligero, canta,
no
hables más!
¿No
estás hechas todas las palabras para
los
pesados?
¿No
mienten todas las palabras para
los
ligeros?
Canta
y no hables más".
El
Mundo Como Dionisos
No
hay aquí como más tarde en Rilke, necesidad de concebir
la interna trabazón entre visible e invisible, entre interioridad
y exterioridad, entre superficie y abismo. Abismo es el mundo como
fuerza que no puede ser jamás representado por el lenguaje
y jamás agotado por la voluntad creadora de mundos. El mundo
es siempre más, como abismo de luz, lugar donde nadie puede
mirar sin perder la visión: el mundo es Dionisios. En este
punto el lenguaje no soporta ninguna representación del mundo,
ninguna verdad ni mentira, ninguna escencialidad pregnante que se
apropiaría del mundo.
El
lenguaje comienza por fin a cantarse a sí mismo. Y entonces
se hace ligero y ágil, entonces se hace mundo, se hace juego
de mundo, se hace camino se hace sendero ; el pensar que camina,
danza sobre su propia huella. El canto, dirá Heidegger a
ludiendo a Rilke: "Ni siquiera imita lo que hay que decir...
El canto es él mismo: un viento: Rilke". Como dirá
el poeta de las Elegías, refiriéndose a Jacobsen,
en ciertos fragmentos del Zaratustra; "No se sabe dónde
termina la trama verbal y dónde comienza el espacio".
Por lo cual el poema no funciona como lugar de inversión
salvador - como interpreta Heidegger a Rilke - sino como constante
liberación de fuerzas inagotables, justamente allí,
donde el lenguaje nunca puede designarse a sí mismo sino
en el silencio de su estallido final.
No
aceptamos por eso la opinión de Eugen Fink de que: "La
poesía se convierte en la salvación provisional de
un pensar del mundo que se aparta de la metafísica, pero
que, por el momento, es todavía pobre en palabras".
Es
precisamente aquello que aparece como pobreza, el signo de la riqueza
inagotable de lo que, suprimiéndose así mismo, destrabaría
todo límite entre el hombre y las cosas. Y es el mundo como
sobreabundancia de luz, como abismo, como océano donde vibran
y se exaltan las corrientes de las fuerzas puras, el horizonte de
un lenguaje que finalmente ha aprendido a nominarse así mismo.
Es la experiencia extrema del olvido en el cual despertamos al olvido,
para en él, "ser para decir" y en el no poder sino
decir, tal cual lo expresa Massimo Cacciari: Parir nuevamente estrellas
lejanas.
Y
es en este sentido que damos la razón a Jaques Derridá,
cuando con pulso nietzscheano, afirma: "No habrá nombre
único, aunque sea el nombre del ser. Y es necesario pensarlo
sin nostalgias, es decir, fuera del mito de la lengua puramente
materna o puramente paterna, de la patria perdida del pensamiento.
Es preciso, al contrario, afirmarla, en el sentido en que Nietzsche
pone en juego la afirmación, con una risa y un paso de danza".
Por la risa y el desborde de risa se reabsorbe el mundo, y por la
risa Zeus vuelve nuevamente a volear el mundo, que es siempre un
más: el plus de afirmación. ¿Debemos pues continuar
expurgando y descontextualizando la experiencia de Nietzsche y el
enigmático poder de dar que pensar, en función de
necesidades personales, atados a una tradición empecinada
en negar lo más revulsivo de estas revoluciones fundantes?
"¡Sí!
¡Se de dónde procedo!
Insaciable
como la llama
quemo,
abraso y me consumo.
Luz
se vuelve cuanto toco
y
carbón cuanto abandono:
Llama
soy sin duda alguna".
Escribió
Nietzsche seguro de ser el superador de aquello que la tradición
ha llamado "metafísica occidental". Y su vida fue
incendio y consumación: " Esto es lo que debe ser nuestra
vida - escribió-. Oh, vosotros adoradores de la verdad! Y
mucho más tiempo que la víctima, vivirán el
vapor y el incendio de los sacrificios".
No
hemos salido así finalmente a la superficie, fuera de la
asfixiante atmósfera de ese "otro" poder - que
Artaud execrara-, de la literatura occidental, empeñada hasta
hoy en encontrar el absoluto en un espasmódico ascenso hacia
el Monte del Carmelo de la subjetividad absoluta, en la cual se
suprime todo sujeto y sólo hay "carencia de mundo"?
Baudelaire
escribió algo que aún suscriben mayoritariamente poetas
y escritores de nuestro siglo: "Sería verdaderamente
algo nuevo en la historia del arte que un critico se convirtiera
en poéta; ello entrañaría la revocación
de todas las leyes psicológicas; entrañaría
una monstruosidad".
De
esta monstruosidad que abre nuevos caminos a la experiencia del
arte como mito y profecía del futuro, nace la experiencia
de Federico Nietzsche, aislado intento superador y programa sin
cumplir del pensamiento del adviento. Toda poética es física
y dinámica de un éthos, en el cual el lenguaje habla
desde un cuerpo transfigurado, que es solo plenitud y luz, tal cual
el cuerpo del pastor que ha logrado vencer la tentación de
la náusea y de la melancolía, en la afirmación
kerigmática del desgarramiento y el temor de la castración
y la muerte.
Dice
Maritain, más cerca que otros de la verdad, cuando se trata
de vincular poesía y logos: "La poesía nos obliga
a considerar el intelecto tanto en sus secretas fuentes, en el interior
del alma humana, como en el modo de función no racional -
nótese que no digo antiirracional - o no lógica".
En
éste sentido, la experiencia de Nietzsche es antagónica
a la ascendencia en espiral que va de Nerval a los románticos,
y a los surrealistas, de Baudelaire al expresionismo, y ha mostrado
como la verdadera inspiración y la videncia son estados de
receptividad creadora, largamente preparados, como ha mostrado Klossowski,
por la desacralización del lenguaje propios del psicólogo
y el sabio. Solo en este punto extremo, en el cual las pulsiones
se apoderan del habla, y el habla es flujo, economía del
deseo, fantasma del cuerpo y cuerpo del fantasma, el yo cede paso
al carnaval de las máscaras.
"Yo
es otro" - escribió Rimbaud. Desde entonces, la alteridad
ha sido invocada siempre que la mismidad fue demasiado poderosa
para ocultar el trasfondo verdaderamente trágico de "lo
otro". Nietzsche ha experimentado como nadie ese estado en
el que el yo cede a la pulsión más alta de lo otro:
"Aquí
estaba yo
sentado,
aguardando , aguardando - a nada:
más
allá del bien y del mal, disfrutando
ya
de la ley, ya de la sombra, totalmente
solo
juego,
totalmente
mar, totalmente mediodía,
totalmente
tiempo sin meta.
Entonces,
de repente, ¡amiga!, el que era uno
se
convirtió en dos
Y
Zaratustra pasó a mi lado".
Si
las alturas desde donde Nietzsche poetiza no son apropiadas para
el deleite de los sentidos - el almizcle, el aloe - , ni la ventisca
para el bautismo de las vocales, son necesaria para el advenimiento
y la revelación de un fin y un principio. Así en el
bellísimo poema dedicado a V. Stein:
"Esta
canción ha terminado,
el
dulce grito del anhelo
ha
expirado en mi boca:
Un
mago la hizo, el amigo a la hora justa,
el
amigo de mediodía -¡no!, no preguntéis
quién
es.
Fue
al mediodía cuando uno se convirtió
en
dos...
Ahora
nosotros, seguros de una
victoria
conjunta celebramos
La
fiesta de las fiestas:
El
amigo Zaratustra ha llegado, el huésped
de
los huéspedes.
Ahora
el mundo ríe, el telón gris se
ha
rasgado,
El
momento de las bodas entre luz y tinieblas
ha
venido... "
Cuando
Nietzsche escribe este poema, la soledad - la séptima -,
oculta en el designio del séptimo sello, es ya absoluta.
Ha superado incluso la poesía como espejo de reapropiaciones
del mundo, humanas, demasiado humanas: "Y todos los poetas
creen esto: que quién, tendido en la hierba o en repechos
solitarios, aguza los oídos, ese llega a saber algo de las
cosas que se encuentran entre el cielo y la tierra".
Y
si a ellos llegan delicados movimientos, los poetas opinan siempre
que la naturaleza misma se ha enamorado de ellos.
¡Ay,
existen demasiadas cosas entre el cielo y la tierra con las cuales
solo los poetas se han permitido soñar!
Y
sobre todo por encima del cielo: pues todos los dioses son un símbolo
de poetas, un amaño de poetas".
"¡Ay
- escribe - en esta velada crítica a quienes buscan la salida
mirando hacia las lenguas maternales o hacia las inscripciones paternas
- yo lance ciertamente mi red en sus mares y quise pescar buenos
peces; pero siempre saqué la cabeza de un viejo Dios".
"También
del mar han aprendido su vanidad: ¿no es el mar el pavo real
de los pavos reales? "
"Penitentes
del espíritu he visto venir: han surgido de los poetas".
Y, hasta hoy, nadie ha designado mejor la errancia del alma en busca
de espíritu - de casa - como Nietzsche, cuando bautiza a
los poetas como penitentes del espíritu. El lo sabe, porque
ya sin casa ni hogar, ha instalado la suya en la epifanía
de lo innombrable, de lo que se oculta en el nombre de Dionisios:
el abismo de la fuerza.
La
visión con que Nietzsche cancela su experiencia del sur del
lenguaje, cabe en unos versos:
"Suprema
estrella de la suma esencia,
de
eternas obras manantial fecundo.
¿Vienes
a mí? ¿Como es tu belleza
muda,
que nadie vio, no huye ante mis ojos?
¡Emblema
de las leyes necesarias,
de
eternas obras, manantial eterno!
Mas
tú lo sabes bien, sabes lo que odian
todos
y yo amo solo.
¡Sabes
que eres eterna
y
sabes que eres necesaria!
Mi
amor solo se inflama eternamente
ante
lo necesario. Y tú, su emblema,
luz
suprema del ser, que ningún voto
alcanza,
que ninguna negación
ha
manchado,
afirmación
eterna de la vida,
yo
soy tu afirmación eternamente,
pues
yo también, eternidad, yo te amo".
"La
filosofía por aforismos y fragmentos, poemas y enigmas, metáforas
y sentencias, todo el estilo nietzscheano que tanto eco ha tenido
en el pensamiento contemporáneo, se enraíza en la
doble exigencia de la destitución de la verdad y de despido
del máthema, escribe en nuestra época Alain Badiou:
" No es extraño que Nietzsche haya resultado durante
mucho tiempo vencedor... Ha suturado al poema abandonando al máthema
a los raciocinios de la cultura positivista", afirma luego
enfáticamente. Como puede notarse, el juicio contra Nietzsche
luce hoy más atractivo que nunca. Habla Badiou del fin de
la edad de los poetas, constelación epocal que abarca el
crepúsculo de Hölderlin y la cerrada noche de Celan.
Resulta concluyente el hecho de que el pensador francés reconozca
dentro de esos límites la hegemonía de "siete
poetas cruciales... porque han periodizado, escandido, la edad de
los poetas. Se trata de Hölderlin - señala - el profeta,
el vigía anticipador. Y tras él - todos ellos posteriores
a la comuna de París, que marcó la apertura de la
desorientación representada como sentido orientado - Mallarmé,
Rimbaud, Trakl, Pessoa, Mandelstan y Celan".
Resulta
evidente que para Badiou, Nietzsche es solo el pensador que abrió
las puertas a la derrota e invasión del pensamiento especulativo
por las sanguijuelas del pensar rememorativo o la deconstrucción
epigonal. Así el poeta recobra su autonomía de vuelo
sin controles del Ave de Minera.
Resulta
claro también que si la experiencia de Nietzsche no puede
ser hipostasiada como arquetípica, tampoco puede retrocederse
en pro de autonomías y legislaciones estéticas de
ontologías regionales. Resultaría incontrastable que
el pasar pasar en vano junto a las imágenes que el último
pensador de occidente, abarcando los encontrados reinos del pensar
y el poetizar, abrió a la aventura de una cultura que se
extingue, constituye aún un peligro para nuestro tiempo.
Y desde este emplazamiento, creemos que la experiencia de Nietzsche
constituye aún el paso obligado, el necesario exilio y el
desafío insuperable, de las aporías de la razón
occidental, que a su vez constituyen el límite que solo los
verdaderos anticipadores pueden atravesar.
"El
nombre de Nietzsche - escribe Jaques Derridá - designa, actualmente,
en occidente al único (posiblemente, aunque de otra manera,
junto con Kierkegaard, y así mismo con Freud ), que abordó
la filosofía y la vida, la ciencia y la filosofía
de la vida con su nombre y en su nombre. El único, posiblemente,
que puso en juego su nombre - sus nombres y sus biografías
- con casi todos los riesgos que esto conlleva: para "él",
para "ellos", para sus vidas, sus nombres y su porvenir,
especialmente el porvenir político de aquello cuya firma
asumió".
Nietzsche
murió como el personaje del film de Oshima, "Feliz Navidad
Mr. Laurence". Con el cuerpo enterrado y la cabeza mortal convertida
en símbolo del holocausto más hermoso y mas terrible.
De él hemos tomado esa parte que nos habíamos prohibido
a nosotros mismos por largo tiempo. De aquí en más,
la filosofía será conocimiento, y el conocimiento
como deseo, legislación de lo que es, creación y transvaluación
de todos los valores. Henry Lefevre escribe a propósito del
filósofo-poeta, la palabra metafilósofo, y afirma,
aunque esto moleste a los filósofos: "Y es que aquí
definitivamente, algo se ha salido del gozne. Y todos los esfuerzos
del tiempo y la fuerza que vendrán tendrá que habérselas
siempre con la fuerza (ese bochorno) de mundo que la pasión
de un hombre supo poner en frontera a nuestro entendimiento y la
creación de un nuevo paraíso para nuevos cuerpos".
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