OSCAR PORTELA
El poeta en su castillo

Por Alejandro Petroff

Oscar Portela: un volcán en estado de alerta
Por María del Carmen Suárez

EL doble Mérito de Oscar Portela
Por Norma Pérez Martín

Ejemplo solitario en la joven poesía argentina
Por Horacio Armani

Leyendo “Claroscuro” de Oscar Portela
Por José Geraldo Neres

El poder del nombre en la obra de Oscar Portela
Por Leonor Calvera

Sobre La Ermita de Oscar Portela
Por Alejandro Drewes

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OSCAR PORTELA: BELLEZA Y ARMONÍA
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Oscar Portela: Una mirada sobre su poética
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Las fuentes filosóficas de la poética de Oscar Portela
Por Joaquín Meabe

La tentación del abismo en la obra de Oscar Portela
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"Estuario". Visión totalizadora del mundo.
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Sobre el libro "Golpe de Gracia"
Oscar Portela tras el descenso a los infiernos.

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Oscar Portela
Un volcán en estado de alerta.

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"Memorial de Corrientes":
y poemas como altas
columnas de fuego.

Por Cesar Magrini.

Oscar Portela: una ardiente paciencia
Alberto F. Robredo

 

 

"Memorial de Corrientes":
y poemas como altas columnas de fuego

Por César Magrini

"He quedado literalmente hechizado con sus poemas. Un sortilegio sostenido, una letanía a menudo cruel, edificada ella también sobre palabras, pero en éste caso fulgurantes, interpelaciones abiertas a la magia, eslabones de una cadena mítica y terrible, en hermosísimas selvas pobladas por pájaros ominosos, por aves de lujosa pedrería vocal, por dioses inextinguibles, íntegros, fuertes.

Oscar Portela se vale de un lenguaje casi invariablemente iconográfico, como el de la antigua tapicería o de la miniaturas de destallantes códices, nominal y seguro, cargado de seducciones, de tornasoles, de formas que se tejen y se destejen en un oleaje cadencioso, rítmico, vertical.

Sueños y temores, pesadillas y rápidos e irreales gestos, cruzan una y otra vez, sugestivamente, por sus poemas. Todo está animado, para él, por hechizantes sombras ancestrales, por la evocación de lo que fue, de lo que podría ser, de lo que tal vez será. Pero nada de imprecisiones, no al menos en lo estrictamente poético.

Lo dije, su idioma llega como el río que, después de atravesada la selva y de empaparse con su sombra y con su inextinguible memoria, se abriese, ya bajo el sol, en un sortilegio de reverberos, en un contrapunto de luces ahora sí fatales, erguidas desde si mismas, irrevocables.

Poemas que brotan como flores ásperas, encandilantes, hechas de belleza y de hermosura a la vez, dos cosas, estas últimas, que suelen ser intencionalmente confundidas, pero que Oscar Portela discierne con meridianas sabiduría y claridad. Poemas que, aunque hayan nacido de ella, ahuyentan a la soledad, y como muy altas columnas de fuego, crepitando, iluminan e iluminan.

César Magrini
El Cronista, (Buenos Aires) 10/10/85

 

   
   
         
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