OSCAR PORTELA Y UNA PLEGARIA DE LOS SENTIDOS
Por ELIDA MANSELLI
Oscar Portela exalta lo que lo roza, lo conduce, lo aprisiona, con sus cambios, alteraciones, crecimientos, matices: sus fibras se han reunido junto al equilibrio de los ciclos naturales que nos gobiernan y que él define en un salto doloroso, iluminado en el difícil estar en el mundo.
"Sálvame flor anterior a mi pánico...".
Un salto al sagrado instante del nacer y poblar. Se trata de ubicar no espacios sino profundidades, desde el latido en el gineceo de una flor hasta la vibración del aire, hasta el eco de ese aire donde reside el espíritu del hombre, su paso por la vida y su muerte.
¿Y no es trascender acaso que un hombre reconozca su aire, desentrañe el color de ese aire, lo aprehenda, lo arrebate de todos los exilios, lo impulse a la palabra y lo destine riesgosamente al otro?
La visión de la tierra es la finalidad contra el desamparo, virgen de la conciencia, del caos, de los vértigos y alturas, del deseo y la pasión "hacia el más sueño de los viajes sin retorno" que rige este libro junto a la voz de las antiguas memorias unidas al tiempo de contemporaneidad en un arrebato de amor.
Pero las mareas contrarias también lo acechan lejos de la voluntad y del conocimiento a lo largo del escabroso viaje: mareas de dudas y desasosiego, lastimaduras por las aristas estériles, vanas y lógicas del mundo frente al milagro y el riesgo "del canto como reunión de ser y soledad de lo hondamente humano".
"Memorial de Corrientes" tiene correspondencias con su primer libro "Senderos en el bosque": aquí subyace la presencia del' "niño solar” con su luminosidad trágica, con su conciencia revelada trágicamente pero más encantado y llevado por la corriente de la estación purificada, hacia la paz de sus aguas bienhechoras ahora más nítidamente defendido "por el vigor de las imágenes todavía vigilantes en audición con lágrimas", resonancias estas de aquellos "Himnos a la Muerte " del libro "Los Nuevos Asilos", melodías éstas de honduras celestes, sangradas a la vera de su sol natal, en la lucha de la imagen como reino final contra lo efímero.
Existe un encantamiento en este libro. Una plegaria de los sentidos que lo singulariza de sus libros anteriores.
El rosa y el lila a la vez sensuales y reservados son las vías hacia la luz, traducen la estación carnal y etérea en la seguridad de transitar el color de la intensidad en todas las criaturas y registran las sutilezas de los climas del alma nombrando el paisaje, grabando "instantes donde sueñan dichas más peligrosas que la imagen del ángel anunciador del lila".
Colores que intentan salvar por sí solos de la soledad rescatando la infancia del olvido los primeros gestos de amor, dándole al poema un ritmo de mayor libertad lírica dentro del orden reflexivo que caracteriza la poesía de Portela.
El poema "Imágenes finales" tal vez sea el balance de todo el contenido del libro y no oculta a pesar del reto de su indagación en el pensamiento y en los mejores abrevaderos de la poesía (Mitología Griega, Rilke, Heidegger, Cernuda, etc.) la amenaza de los golpes del ocaso, la declinación, la cesación del impulso vital.
Pedir auxilio a los colores es rebelión contra el vivir agónico. Los árboles que huyen volverán a despertar, los tiempos momentáneamente ajenos serán dominados en otra nueva fracción del poema "donde se pone el sol para que nada caiga" "ordenando los fragmentos" mejores, revelándolos en el descubrimiento de la riqueza circundante: desafío del destino hacia una realidad sagrada.
ELIDA MANSELLI
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