OSCAR PORTELA
El poeta en su castillo

Por Alejandro Petroff

Oscar Portela: un volcán en estado de alerta
Por María del Carmen Suárez

EL doble Mérito de Oscar Portela
Por Norma Pérez Martín

Ejemplo solitario en la joven poesía argentina
Por Horacio Armani

Leyendo “Claroscuro” de Oscar Portela
Por José Geraldo Neres

El poder del nombre en la obra de Oscar Portela
Por Leonor Calvera

Sobre La Ermita de Oscar Portela
Por Alejandro Drewes

Oscar Portela visto por Beatriz Schaefer Peña y Luís Benitez

OSCAR PORTELA: BELLEZA Y ARMONÍA
Por César Bisso

Oscar Portela: Una mirada sobre su poética
Por Ketty Alejandrina Lis

Oscar Portela: Paixão e hermenêutica
Por Maria Estela Guedes

Las fuentes filosóficas de la poética de Oscar Portela
Por Joaquín Meabe

La tentación del abismo en la obra de Oscar Portela
Por Graciela Maturo

Más Juicios sobre Oscar Portela (Varios autores)

Un poeta Mayor en tiempos de silencio: Oscar Portela
Por Abel Posse.

La fuerza y el talento de un Poeta Mayor.
Por Abel Posse.

Mi coterráneo.
Por Francisco Madariaga
.

Un corazón con demasiadas preguntas.
Por Juan Archibaldo Lanús
.

El poder del nombre en la obra de Oscar Portela.
Por Leonor Calvera

Ejemplo solitario en la joven poesía argentina.
Por Horacio Armani.


La gracia del lenguaje.
Por Rafael Felipe Oteriño.

"Estuario". Visión totalizadora del mundo.
Por Ruth Fernández.

Sobre el libro "Golpe de Gracia"
Oscar Portela tras el descenso a los infiernos.

Por Norma Pérez Martín.

La Postmodernidad y lo Americano
en la obra de Oscar Portela.

Por Graciela Maturo.

Oscar Portela
Un volcán en estado de alerta.

Por María del Carmen Suárez.

"Memorial de Corrientes":
y poemas como altas
columnas de fuego.

Por Cesar Magrini.

Oscar Portela: una ardiente paciencia
Alberto F. Robredo

 

 

Sobre La Ermita de Oscar Portela

Por Alejandro Drewes

Oscar Portela en la transparencia que permite la asunción de todo lo efímero del vacío de la Historia a bordo de una barca que se hunde irreversiblemente. Y el poeta serenamente y lejos de toda estridencia y de recursos confesionales al uso que agiganten inútilmente su tragedia personal, dice más sobre un estado de gracia que sobre sí.

Esa ermita brilla como lugar del retiro tras apartar toda la inútil hojarasca. Esa que existe materialmente y no existe o que existe en tanto haya esa precisa mirada que la sepa revelar

Voz de profeta en el desierto del mundo que da testimonio de la devastación de los tiempos, del paisaje electrónico y las almas errando en la procelosa noche, de la fatuidad de los diosecillos tecnolátricos, y del conocimiento vacuo y definitivamente mercantilizado y su tribu de tristes adoradores.

Escritura en la que el lector pecibe naturalmente al despojamiento en el gesto simple y cotidiano de comunión con lo verde y que asume la paradoja del ínfimo ser que se piensa a sí mismo y la supera en el fluir de esas cristalinas aguas que no dejan de cumplir su ciclo en el flujo y reflujo del Universo.

Poema cuyas sombras se proyectan sobre la luz acotada del día en su arco descendente, con palabras que alcanzarán su destino en el espejo de esos anónimos Otros.

Alejandro Drewes
Buenos Aires, febrero del 2008


La Ermita
(II Parte del Ofertorio de Brumas)

A Abel Posse y Graciela Maturo

En mitad del desierto está
La ermita. Ni ascensores al cielo
La acompañan ni malévolos “diábolos”,
Perturban su soledad a prueba
De sensores que detecten la proyección
De espectros o sepulcros
Hundidos en los espejos ilusorios.

Aquí la abyección del Santo
Halla la calma que le negara el mundo.

Aquí solo imágenes vivas se proyectan
Sobre la lente de un alma viva
Que procrea – estéril - hijos para la eternidad
De aquesta nada que muerde las orillas
De las huellas efímeras del día.

Aquí el infierno se fue al infierno
Que alberga el duelo de ser yectos- desnudos
Y libertos - dueños de nuestras osadías
Y verdugos de nuestra sombra
Y la de Otros.

La ermita siente todo aquello que proviene
De afuera y lo repele: tres pisos y un III B
En mitad del desierto de lo humano.

Que es lo humano el desierto y no el silicio.

Y a ella no llegan los mendicantes del espíritu
Ni los volantineros de la nada
Ni los hackers que borran los deseos,
Ni las hechicerías de los magos
Ni los castos doctores del saber.

Aquí la soledad su melodía el piano y la luna
De otoño con sus vastos recuerdos son el agua lustral
Con los que riega el poeta sus helechos
Que son los ángeles que pueblan

La Eternidad Efímera Del Día.

Oscar Portela
17 de febrero de 2008

   
   
         
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