Informe Especial: Los Kirchner en emergencia terminan con la Concertación Plural
4 conclusiones de ajetreados días políticos: Néstor Kirchner está al mando, la crisis en el Gobierno va más allá de lo agropecuario, no hay interés en negociar con los productores (al menos por ahora) y los Kirchner no salen indemnes de lo ocurrido. Aquí algunas reflexiones de los principales columnistas políticos dominicales:
Joaquín Morales Solá en La Nación, de Ciudad de Buenos Aires:
"Nunca se derrochó tanto capital político en tan poco tiempo. Nunca, al menos, de manera tan innecesaria. Están sucediendo días que pudieron evitarse. Fueron una pérdida irremediable de tiempo las 48 horas que pasaron entre el martes y el jueves, entre el discurso de la soberbia y el de la convocatoria al diálogo con los productores sublevados. La misma etapa que incluyó el feudo violento y el reino mediático de Luis D´Elía, que abrió la hemorragia política más grave que tuvo en su historia, tanto dentro como fuera del país, el gobierno de los Kirchner.
El problema es que las rectificaciones a veces sirven y otras veces son tardías. Sin una sola propuesta novedosa y abarcativa de parte del Gobierno, los sectores agropecuarios decidieron ayer volver al paro. El levantamiento de la medida duró menos de 24 horas. Los dirigentes del sector están mordidos por una tenaza: el Gobierno no les da nada que sirva y los productores los empujan a la protesta. La sociedad argentina podría sufrir en pocos días más las consecuencias del desabastecimiento de productos indispensables para vivir. Trabajadores de pequeñas y medianas empresas vinculadas con la agroindustria comenzarían a ser suspendidos desde mañana mismo.
Quedaron como profetas solitarios y extraviados los dirigentes que habían propuesto un levantamiento de todas las decisiones, las del Gobierno y las de los ruralistas, mientras se negociara. La negociación se cayó ayer de hecho, pero los dirigentes agropecuarios preferían guardar la esperanza de que siguiera algún diálogo, aunque fuera bajo la mesa y lejos de los periodistas.
Un período de la política argentina ha terminado. ¿Qué es lo que ha terminado? Una etapa marcada por el predominio casi excluyente de una persona en la conducción de la República, una contradicción institucional en sí misma. Un espacio de tiempo en el que el diálogo estuvo vedado y, más aún, prohibido desde el único vértice donde se manda. Un período notable también por el extendido temor entre vastos exponentes de la dirigencia política y social.
Misiones fue, en otros tiempos, la advertencia de la falibilidad electoral. La revuelta campesina y urbana de los últimos días fue, en cambio, el aviso de que la voluntad social le ha puesto límites definitivos al poder. Cristina Kirchner no podrá, en síntesis, gobernar como gobernó su esposo. (...)
El problema de Cristina Kirchner no es su condición de mujer, sino las modificaciones objetivas y sustanciales que se registraron en el país, en la sociedad que le toca gobernar y en el propio mundo del que la Argentina forma parte. Los métodos de Néstor Kirchner eran posibles con una sociedad satisfecha y con una economía ciertamente generosa y estable. Ya no existe ni lo uno ni lo otro en los términos que se conocieron, al menos.
Una parte importante de la bronca de los sectores agropecuarios se funda en los métodos de Guillermo Moreno, porque el secretario de Comercio los ofendió cada vez que los tuvo cerca. El viernes, Moreno no cejaba: recorrió los supermercados a los gritos ordenando bajar los precios. Será difícil para el Gobierno justificar en adelante la presencia de Moreno y de su estilo. Después de lo que sucedió en los días recientes, y de lo que está sucediendo ahora, correrá el riesgo de crear graves y permanentes conflictos con esos modos de gobernar. Un límite ha sido traspuesto.
D´Elía es como Moreno, pero más tosco, más expuesto y más peligroso. Funcionarios nacionales se ocuparon de distanciarse de él en conversaciones reservadas. Pero, ¿cómo diferenciar al Gobierno de D´Elía si éste terminó convertido en el responsable del orden público con palabras y actos de insoportable agresión? ¿Cómo, cuando fue el primero en entrar al palco de los influyentes privilegiados en el acto de la Presidenta, el jueves? ¿Podría ser casual, acaso, que la Policía Federal haya desaparecido de la Plaza de Mayo en los momentos en que D´Elía entraba? (...)".
Eduardo van der Kooy en el diario Clarín, de Ciudad de Buenos Aires:
"(...) El conflicto con el campo no escaló, entonces, como sostuvo en Parque Norte, por su condición de mujer. Cristina cosechó en octubre cientos de miles de votos en zonas rurales de provincias que la resistieron. Sirven como ejemplo los casos de Córdoba, donde perdió, y de Santa Fe, donde ganó por casi nada, justamente con los votos del interior. El conflicto se fue incubando durante el gobierno de Kirchner que no tuvo, más allá de la percepción fiscalista, un plan estratégico y diferenciador para el agro. De otro modo resultaría difícil explicar algunas situaciones que se vieron. Si la rebelión del campo fue detonada sólo por el plan de retenciones móviles que impactó en la soja y el girasol, ¿cómo se entendería el respaldo masivo a la medida de los tamberos o de los productores de carne?
(...) En el peronismo se descubrieron corcoveos cuando debió poner la cara para respaldar el plan de acción oficial hacia el campo. Esos corcoveos fueron patentes en el Senado. Hubo senadores que votaron a regañadientes el apoyo al plan y que lo criticaron con severidad en privado. Hubo senadores que prefirieron ausentarse o que se retiraron del recinto, como los de Santa Fe, Salta y Chaco. Hubo gobernadores que se vieron en figurillas, como Jorge Capitanich, del Chaco, y Juan Schiaretti, de Córdoba, para quedar bien con Dios y con el diablo. Pero hubo también algo que, en la instancia cumbre, los volvió incondicionales a Cristina y a Kirchner: no fue la queja del campo sino el repiqueteo de caceloras en algunas grandes ciudades. Ante el riesgo, el peronismo se abroquela.
Cristina brindó el jueves a la noche una señal nueva, inédita en la era kirchnerista. La señal fue moderada pero pareció agigantarse, en su valor político, frente a la tierra yerma que la precedió. Convocar al diálogo, referir a la humildad, hablar de puertas abiertas de la Casa Rosada, deberían ser tópicos comunes en democracia. Pero no lo son hoy en la Argentina.
(...) Si alguna estrategia había en ciernes, acaba de incinerarla dándole a D'Elia el protagonismo que le dio. Lanzó al ex piquetero y funcionario a la calle para perseguir y silenciar la disidencia. Luego lo sentó a las espaldas de Cristina, en Parque Norte, mientras la Presidenta invocaba al diálogo, a la convivencia y al orden institucional. Tanta contradicción es indigerible para muchos argentinos. (...)"
Carlos Abrehu en La Gaceta, de San Miguel de Tucumán:
"(...) Desde que el paro del campo alcanzó consistencia y profundidad la política entró en otra etapa. En la sociedad argentina existe la percepción cada vez más extendida de que con Cristina Fernández de Kirchner (CFK) no empezó un nuevo ciclo en la República sino que se profundizó el de su marido. La única luz de diferencia que se percibe respecto de Néstor Kirchner fue la del llamado al diálogo multisectorial que hizo el jueves, 48 horas después de la flamígera alocución del martes que devolvió un insospechado protagonismo a los cacerolazos. Un dato, inexistente por cierto, en los cuatro años precedentes.
En Buenos Aires las cacerolas y otros cacharros domésticos resonaron en contra de CFK, y en Tucumán en contra del gobernador José Alperovich. Recuperaron también inusitada actualidad los piquetes como modalidad de protesta.(...) El lente ideológico del Gobierno catalogó de buenos a los que promovían los activistas de las corrientes afines, y de malos a los del ruralismo. (...)
La lucha por la apropiación del espacio público -la plaza de Mayo en Buenos Aires- puso en carrera a las organizaciones piqueteras de Emilio Pérsico (Movimiento Evita) y de Luis D’Elía, que en forma violenta desalojaron a los dueños de las cacerolas. El método remite a la concepción setentista de ocupación del ágora por la fuerza. La ubicación de Pérsico y de D’ Elía, a espaldas del atril que usó CFK en el acto del jueves, en Parque Norte, confirmó que gozan de la confianza gubernamental.
Una situación parecida se vivió hace algunos años en esta ciudad, cuando las bandas sindicales adictas al gobernador Julio Miranda avanzaron hacia la plaza Independencia para asegurarse de que las manifestaciones de apoyo al entonces fiscal anticorrupción Esteban Jerez no se quedaran allí.
El mal ejemplo de Buenos Aires no se repitió en esta ciudad, porque prevaleció un análisis diferente: “no queremos enfrentamientos entre tucumanos”. De ese modo, se resumió el pensamiento predominante entre dirigentes jerarquizados de líneas kirchneristas que operan sin la venia de la Casa de Gobierno. El clima de hostilidad que halló Alperovich a su regreso de Brasil, que incluyó una protesta frente a una de sus fincas, le demostró que se había equivocado rotundamente al agredir a los productores rurales. La obediencia debida a la Casa Rosada privó sobre la adecuada ponderación del sentimiento de los hombres de campo en Tucumán.
El traspié que sufrió con la frustrada designación de Francisco Sassi Colombres en la vocalía vacante de la Corte Suprema de Justicia, a causa de su pasado procesista, lo empujó probablemente a sobreactuar su solidaridad con la administración kirchnerista. Estuvo lejos de imitar al gobernador peronista de Córdoba, Juan Schiaretti, quien sí dialogó con las instituciones agropecuarias, y no fue a Parque Norte. Alperovich se peleó con ellas, en cambio, y perdió colaboradores de primer nivel en el gabinete provincial. (...)
La quiebra de la armonía política interna en el bloque de legisladores oficialistas“Tucumán crece“ mostró que nada será igual a partir de los últimos episodios. El jefe del sector Roque Alvarez recurrió a una maniobra parlamentaria para evitar que estallara una controversia volcánica en el recinto y al vicegobernador Juan Luis Manzur se le escapó el manejo del tiempo político del poder. La inexperiencia política se paga caro.
Dentro del bloque crece el malestar con el legislador piquetero Héctor “Indio“ Romano, identificado con el Movimiento Libres del Sur, un partido piquetero autónomo pero aliado del kirchnerismo en la esfera nacional. (...) Se enoja la conducción del bloque porque Romano elude los costos de ser oficialista en los momentos críticos, pero mantiene los privilegios que se derivan de revistar en el alperovichismo. (...)"
Eugenio Paillet en La Nueva Provincia, de la ciudad de Bahía Blanca:
"(...) Cristina Fernández tuvo un minuto de humildad y 69 de renovada tozudez y soberbia en el discurso de Parque Norte. Fue, aunque parezca de otro planeta, todo lo que el gobierno estaba dispuesto a dar para obligar a los dirigentes del campo a levantar un paro que provoca desabastecimiento y calienta los ánimos a niveles peligrosos.
Vale la insistencia. ¿Cómo pedir con humildad que el campo levante el paro sin ningún condicionamiento, mientras los rostros desencajados y los puños crispados de D'Elía y Pérsico se filtraban en la imagen de televisión, amenazando con nuevas golpizas y calificativos denigrantes hacia un sector de la población que harían empalidecer a la mismísima Venezuela de Hugo Chávez?
Veamos toda la saga para no quedarnos sólo en la contemplación del árbol. Los Kirchner --y quienes los rodean y acompañan desde la oscura noche de los 70-- no hacen distingos en la composición social y política del país que gobiernan. Los que no están con ellos son partidarios de Videla que quieren voltearlos mediante un golpe de Estado. No hay un mínimo de racionalidad ni intención de detenerse entre las mil variantes que se encuentran entre ambos extremos.
Así, el matrimonio presidencial decide quiénes son los buenos y quiénes los malos. Quién puede manifestar en la Plaza de Mayo y quién no. Deciden cuál es el número de inflación mensual que más les gusta. Atacan a los que cortan rutas porque reclaman frente a una política de retenciones francamente confiscatoria, pero permiten que otros actores corten calles, como los grupos de choque pagados por la Casa Rosada, y puentes fronterizos, como los asambleístas entrerrianos.
En un país donde el 65% de la población no votó a Cristina Fernández el 28 de octubre, está prohibido golpear cacerolas o llegarse hasta un paseo público para protestar pacíficamente por sus derechos arrasados. Lo saben bien los protestantes que recibieron sobre sus humanidades el rigor de los grupos de choque del gobierno. (...)"
No pocos se preguntan por qué el gobierno dejó crecer durante quince días la protesta del campo. Por qué escondió la policía y la Gendarmería mientras se renovaban las protestas en plazas y rutas nacionales. No hay explicación, a menos que también de este lado se empiece a hablar de las famosas teorías conspirativas, para el largo silencio de radio de los funcionarios. O del silencio de Cristina durante sus vacaciones en El Calafate, antes de desembarcar guerrera y bravucona en el palco de Parque Norte.
Tampoco hay explicación para que el gobierno reconozca sólo ahora, con la protesta desmadrada por las bases rurales y la población sumida en un largo padecimiento de góndolas vacías y precios por las nubes gracias a los pescadores de río revuelto, que había un paquete de medidas --un Plan B, que negó una y otra vez el dubitativo Martín Lousteau-- para corregir algunas de las inequidades del plan confiscatorio de las retenciones móviles. En la Casa Rosada admiten sin tapujos que ese plan correctivo, que iba a ser difundido poco después del primer anuncio del ministro de Economía, quedó guardado en un cajón de la Jefatura de Gabinete apenas iniciado el paro del campo. Dicen que avanzar en esa dirección significaba caer en un "retroceso político" con la medida de fuerza en marcha. Y que era necesario preservar "la autoridad presidencial". (...)
(...) Kirchner reasumió la Presidencia, en sentido apenas figurado, durante las horas calientes. Suyas fueron todas las estrategias montadas, las frases más calientes de los dos discursos de Cristina en el Salón Sur y en Parque Norte. Y manejó con rienda corta a los gobernadores que amenazaban sacar los pies del plato. La dama asintió en cada oportunidad sin chistar.
(...) los Kirchner han terminado por refugiarse definitivamente en el más viejo peronismo. En sus banderas y sus consignas. Gobernarán desde el peronismo, que ya ha demostrado que es temible cuando está en el poder y cuando siente amenazadas sus posiciones. Los transversales y los concertadores plurales son desde ahora meros convidados de piedra sin voz ni voto. (...)"
Fernando Laborda en La Nación:
"(...) La propuesta que les formularon el viernes Alberto Fernández, Martín Lousteau y Guillermo Moreno a los dirigentes rurales no fue otra cosa que la profundización de un modelo basado en una maraña de impuestos y subsidios cruzados en la que descansa el poder kirchnerista. Pasa por mantener el aumento de las retenciones que recauda el Estado nacional, compensado por subsidios bastante imprecisos que también el Estado nacional decide discrecionalmente a quién otorgar y a quién no.
El alto nivel de intervencionismo estatal aumenta las potestades de la burocracia gubernamental y también los grados de corrupción pública, y desalienta la inversión y la innovación productiva.
Las retenciones a las exportaciones, un curioso impuesto sin mayores antecedentes en los países capitalistas contemporáneos, pudieron haber sido en 2002 una salida para la emergencia económica. Pero hoy son, ante todo, un instrumento de dominación política.
Si las retenciones no existieran o si fueran sensiblemente menores -hoy superan el 40 por ciento para la soja-, los productores tributarían un mayor impuesto a las ganancias que, a diferencia de las retenciones, se coparticiparía con las provincias. Los recursos no irían así al gigantesco pozo Bidú que el gobierno nacional maneja con absoluta discrecionalidad y que provoca la consolidación de un Estado nacional cada vez más rico, conviviendo con provincias cada vez más acosadas por desequilibrios fiscales, además de gobernadores e intendentes que deben arrodillarse ante el poder central para no ser excluidos de los beneficios de la cajita feliz .
En este contexto de unitarismo fiscal, no es casual que nadie en el gobierno nacional hable de la nueva ley de coparticipación federal que debió ser sancionada antes de 1996 por imperio de la reforma constitucional aprobada dos años antes.
Todo esto se ve agravado por un Congreso que ha desistido de ejercer su facultad de crear impuestos, delegada en la Presidencia de la Nación, al igual que por los llamados superpoderes , que le han dado al Poder Ejecutivo la posibilidad de gastar en todo 2007 la friolera de 24.781 millones de pesos sin controles parlamentarios: ¡68 millones de pesos por día!
Con la consigna de promover una burguesía nacional, el gobierno kirchnerista ha presionado a grupos extranjeros con concesiones de servicios públicos privatizados para que dejaran su lugar a empresarios afines a la fracción gobernante. Fue ésta la segunda fase del esquema de poder económico K.
Hay una semejanza entre los proyectos chavista y kirchnerista. En la Venezuela de Hugo Chávez, los elevados ingresos recibidos por el fuerte aumento del precio del petróleo fueron aprovechados para concentrar el poder político y económico y extender entre el pueblo la idea de un Estado benefactor ilimitado.
El Estado kirchnerista parecería pretender imitar ese modelo, apropiándose de la mayor parte del ingreso derivado de las exportaciones del campo. La excusa oficial es la redistribución de la riqueza.
En virtud de ese objetivo, la mejor distribución del ingreso, que el jueves último proclamó Cristina Kirchner, Chávez firmó años atrás un decreto que dispuso la "recuperación" de tierras ociosas, para lo cual expropió y redistribuyó nada menos que unos dos millones de hectáreas. Campos y propiedades agroindustriales fueron ocupadas por la fuerza, al tiempo que las expropiaciones avanzaron sobre no pocas tierras de grupos extranjeros. Es, en líneas generales, el modelo que propicia D Elía para la Argentina. (...)"
Sergio Suppo, en La Voz del Interior, de la ciudad de Córdoba:
"(...) El invicto estilo brutal que el matrimonio Kirchner usó para consolidarse en el poder acaba de perder el invicto. Mucha más gente que los productores del campo registraron el dato. “Esto nos servirá a todos. No puede ser que vivan llevándose a todos por delante”, dijo desde Córdoba un hombre con poder.
Una nueva generación de dirigentes rurales ha nacido; pocos de ellos están agremiados. Si la primera respuesta de Cristina fue demonizar al rival y tratar de quebrarlo a palazos de matones alquilados, en la otra vereda, los cuatro gremios del campo comprobaron que su poder de representación es muy relativo.
La protesta que todavía bordea las rutas tiene su sustento en una nueva generación de muchachos sin mucha militancia pero con educación e información. ¿Ha nacido una nueva generación de líderes o esa gente volverá cada uno a lo suyo una vez que la tormenta pase?
Esos nuevos grupos todavía invertebrados, que también confrontan con los representantes habituales del campo, son ahora los que tienen la capacidad de extender la presión sobre el Gobierno. Es simple: los cortes de rutas están a su cargo y los gremios del campo tienen que ir a preguntarles qué hacer.
Juan Schiaretti, como nunca en tres meses y medio de gobernador, sintió la estrechez con la que está obligado a manejarse.
Si sus ideas políticas tienen poco que ver con el kirchnerismo, nació sin embargo condenado a simular que lo apoya sin condiciones. Esa posición, se sabe, es hija de la dependencia de los fondos nacionales que el Estado provincial arrastra; hermana de la debilidad de los pocos y discutidos votos que consagraron a Schiaretti, y prima hermana de la sujeción que el gobernador mantiene de la intacta estructura política de su antecesor, José Manuel de la Sota.
Schiaretti navegó a dos aguas hasta donde pudo entre la exigencia del Gobierno nacional para que, como otros gobernadores oficialistas, saliera a pegarles duro a los huelguistas, y la presión delasotista para que se inclinara por la posición del campo.
No sólo fue De la Sota. Decenas de intendentes del interior llamaron a la Casa de las Tejas pidiendo solidaridad con el campo. “Me voy al piquete o me vienen a quemar la Municipalidad”, alertó uno de los tantos atribulados jefes comunales puestos entre la espada K y la pared de tractores y camionetas.
En las horas en que el Gobierno nacional ordenaba palos, el gobernador propiciaba el diálogo. De hecho, no fue a integrar el telón del incendiario discurso presidencial del martes. Pero el jueves, cuando Cristina pronunció el mensaje del llamado a negociar, tampoco estaba en ese palco que incluyó a los jefes de los repartidores de palos.
Schiaretti fue el único ausente. El kirchnerismo se encargará de hacerle notar ese faltazo, insistieron en anticipar desde Buenos Aires. No será un problema personal para el gobernador; los perjudicados serán los cordobeses que dependen de las dádivas porteñas condicionadas a rendir culto.
Para Schiaretti, el saldo provisorio es que debió poner en riesgo la gobernabilidad al desobedecer la exigencia de encuadramiento del poder K y quedó cercado por el delasotismo, que entrevió una prematura posibilidad de exhibir sus diferencias con la Casa Rosada.
De la Sota, aunque sin asomarse a ninguna ventana mediática, debió salir de su retiro temporario. Habló y habló con decenas de productores para decirles que era enemigo de las retenciones y embaló a sus legisladores hasta convertirlos en piqueteros en contra de la prudencia del propio Gobierno provincial.
“Esa gente son nuestros votos, y si no hacemos algo se irán todos con (Luis) Juez”, llegó a decir De la Sota en esas conversaciones con sus muchachos. (...)
De la Sota llegó a mandarle gente a Schiaretti para que hiciera lo que él mismo no se había atrevido a hacer: ponerse de punta contra la Casa Rosada. “Lo frenamos y lo calmamos; él sabe que si nos va mal y no podemos gobernar, él tampoco tendrá futuro”, alertó un ministro provincial.
(...) Los urbanos Juez y Negri fueron a buscar los votos del campo en medio de la huelga. La sempiterna desconfianza de la pampa gringa los hará rendir unas cuantas materias más antes de abrirles las tranqueras.
(...) Una vez que este conflicto termine, como uno de los saldos secundarios del desbande, la Casa Rosada habrá comprobado que el apoyo cordobés que recibía era pura simulación y que lo único que puede contar como propio en estas tierras tiene la inasible forma de la nada." |