UN SISTEMA QUE PARECE CONDENADO A UNA CRISIS

Por Jorge Oviedo
De la Redacción de LA NACION

De la convertibilidad se dice hoy que el valor del dólar era ficticio. Hoy podría decirse lo mismo de una variedad amplísima de precios, desde las tarifas de los servicios domiciliarios de electricidad y gas, pasando por los combustibles líquidos, algunos alimentos, los valores de los servicios de transporte público de pasajeros, por mencionar algunos.

La maraña de subsidios, que incluyen una cifra históricamente alta de dinero que se entrega a privados y abarca otros más tradicionales como desgravaciones, tiene, en muchos casos, aspectos absolutamente contradictorios.

Por ejemplo, el mismo Estado que debe subsidiar la producción de energía eléctrica y también su reemplazo por energías alternativas y más costosas porque no hay suficiente para atender la demanda, subvenciona también con exenciones impositivas la fabricación de electrodomésticos.

El esquema actual de gasto público en alza a ritmos muy superiores a aquel al que crece la recaudación requiere de un aumento sostenido de la presión impositiva.

Pero es justamente ese incremento incesante de la tajada de tributos que se quita a los privados lo que parece haber encontrado un límite en la crisis con el campo. El Gobierno ha tenido, por un lado, la inflación, que hace subir los costos internos a mayor velocidad que lo que se mueve el tipo de cambio real, lo que genera problemas en su esquema de dólar alto. Para colmo, en los últimos tiempos la política cambiaria hizo bajar el valor de la divisa norteamericana.

El aumento en dólares de los costos internos hace que haya presiones alcistas en los subsidios que el Gobierno paga. Para colmo, ante la inflación los reclamos de aumentos salariales pueden tener un resultado paradójico. Por la aplicación de la famosa "tablita de Machinea" aparecen casos absurdos en los que un empleado que logra una suba salarial termina cobrando menos porque salta de categoría en Ganancias.

Por esta razón no es extraño que haya fuertes reclamos sindicales para que se modifique el sistema del tributo, lo que redundaría en menor presión impositiva sobre las remuneraciones y un consiguiente incremento del dinero disponible en el bolsillo.

Pero esa misma medida también tiende a reducir los ingresos fiscales. Pareciera que con la economía reactivada y utilizando casi al máximo su capacidad instalada, con pleno empleo y crisis energética e inflación sin resolver, administrar la macroeconomía nacional es mucho más difícil que hace poco tiempo.

Aunque no hay nada que señale una crisis general en el horizonte, parece más que claro que la dinámica aplicada hasta el momento es ya imposible de sostener. La gran pregunta es si el matrimonio presidencial se decidirá o no a un manejo más sofisticado de estas cuestiones, lo que requeriría no sólo ajustes, sino también delegar decisiones en profesionales.

   
         
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