A
PAPA EN UN CEMENTERIO
PUEBLERINO
A Modesto Ignacio Portela mi padre
Para
entrar a mi mismo
debo cancelarme a mi mismo,
aceptar lo que fue cancelado
por la memoria de lo que fui
una y otra vez, huella borrada
por el viento de la soledad,
latido que se detiene a si mismo
una y otra vez, y luego continuar
despidiéndome a mi mismo,
..................................... ahora a ti
porción de mi enterrada vida,
en las ariscas tierras de un pobre
cementerio, levemente posado,
al borde de lagunas y de esteros
donde alguna vez canté
la iridicencia de la espuma,
el alma que adentrada en si misma
se despide de si, ahora, ahora,
oh padre mío, sin amargos regustos
ni omnipotentes cánticos,
sola, cancelándose a sí, en la mudez
del verbo y aceptando que borrar
y escribir son uno y sólo ejercicios
de amargo duelo y sol amargo!
Así nos despedimos padre,
tú adentrándose en otra luz y
atravesando el Orco, lentamente
como entraste sin prisas a la sombras,
silencioso, entregando a lo que es de
tinieblas lo fugado y dejando a la luz
el triste vértigo de lo que nace para
......................................morir.
Pocas lagrimas después de tanto tiempo,
pocas palabras para continuar llevándote
conmigo sin apenas saberlo, es todo el
secreto de lo que carece de nombres,
cuando más profundamente olvidado
estás en la presencia de lo ausente,
vacía ya el esplendor del ánfora
de la palabra. Ahora tal vez, tú y mi
madre,
tú y un poco de mi mismo se irá de manos
al Erebo : así creí que nunca volvería
los ojos hacia atrás, ni preguntaría nada
ya, y sin embargo, las plegarias que toman
en mi las formas del adagio de las horas,
las cautivantes gemas de lo que fue,
ardor y pánico, reclaman para ti,
las calmas aguas y el nombre de Marina.
Ya los natales paisajes han desaparecido
con tu nombre y en tu nombre, mas el
aliento de lo indecible, continúan tras los
cansados pasos de esta sombra que soy,
y se consumará en tu nombre.
EL
GÓLGOTA
El
azul que ayer poblaba
mis ojos y el infinito del
azul del mar y el viento
la arena mezclada al roza del deseo
las lágrimas y los secretos demonios
que mantenían mi corazón en vilo
y la danza coral
en la estación del aura
primigenia, la inocente infancia
que se negaba a abandonarme y los dioses
con sus huellas dibujadas en mi
sudorosa piel
todo ahora sucumbido y mirado
con los ojos del cíclope
el desfiladero de la locura la
pesadilla del vampiro,
el pavor de las sombras
el insomnio que acecha
como un tigre agazapado
tras las leyes inexorables de
la fragilidad humana el tiempo
irredento las fuerzas
de los Daimones de la
poesía que me mantenían
despierto
u la sueñera de mi
alma el gólgota amaneciendo
frente a mi,
a cruz negada y afirmada
cien veces cien antes del canto
del gallo y la gota de sangre cayendo
sobre mi frente
cayendo sobre mi frente...
ESCOMBROS
El
mas inhóspito de los huéspedes
habita ahora mi corazón;
escombros y más escombros
sobre el norte de la soledad
donde se incuba el huevo de la
serpiente que engendró fuera de
tiempo mi alma. ¿ Mas que hacer?
Horror es todo que llenó de infantil
alegría el podre que ven ahora
mis ojos. Vacuí el amor que llenaba
las horas que se hicieron
presas del vampiro de los sueños.
Ay! Vivir eternamente para ver
la estéril repetición de las horas
y la degradación inútil de las formas.
Dormir, dormir
bajo el peso de la soledad y los
escombros del tiempo,
el veneno que la vil espada
pone en el corazón ya sin asombro
de traiciones y humillaciones
maldecidas. Demasiada soledad
sobre mi soledad, demasiados espectros
sobre los espectros, demasiados duelos
sobre los duelos, demasiada intemperie,
sobre la intemperie,
que allá en Elzingor
fué un tiempo el azur y la alucema.
Sobre el horror lo informe.
Dormir, dormir, rodeado de serpientes
cuando el mundo no es ya mundo
sino silueta fulminada
de quien no ha salido todavía
de la caverna. No me digáis más adiós.
Demasiada soledad sobre mi soledad,
demasiados espectros sobre mis espectros,
demasiados escombros
sobre los escombros
que no hacen sino derrumbar escombros.