Kazán
y los estados alterados
por
Oscar Portela
Nazismo,
fascismo, chauvinismo, son ismos, en apariencia fáciles
de definir, en ellos se encarna un concepto ingenuo del mal, al
que todos tememos y que, para la circulación de consumo
masivo, se reduce a las dos caras de una misma moneda sin paridad
cambiaría : totalitarismo e intolerancia .
La cosa va más allá sin embargo, desde el punto
de vista de una clínica de los afectos.
El miedo del otro, que siempre es parte de uno mismo,- en el trasfondo
del inconsciente y de sus jeroglíficos verbales - , es
esencialmente horror de uno mismo reflejado en el espejo del otro.
Pero siempre resulta más sencillo simplificar las cosas
y encarnar el mal, en alguno de los aspectos (los más visibles?
) de éste. La delación, por ejemplo, nos resulta,
- a pesar de conllevar el aspecto de una cotidianeidad que nos
convierte en sus vecinos próximos y casi siempre complacientes
-, un acto repulsivo y condenable sin atenuante alguno.
Debe preguntarse sin embargo, si la delación - más
allá de los compromisos personales - , no forma parte de
una cadena más complicada de los intereses que conforman
una cultura, y los poderes estaduales que conforman a éste.
La
democracia - lo vemos todos los días -, no solo no elimina
el derecho del más fuerte sino que lo disimula bajo normativas
de una juridicidad, que trata vanamente de enlazar los encontrados
ámbitos de ley y justicia.
El totalitarismo del Estado moderno, - en el cual la figura del
delator es ya innecesaria e innocua - , merced a la esencia de
la técnica que es la suya propia, a hecho el todo visible.
Exterioridad e interioridad, vida privada y publica, ceden al
dominio de la totalidad que las comunicaciones satelitales y las
comunicaciones vía chips, han establecido férreamente
en tomo al mismo concepto ya antiguo de seguridad de estado o
de mercados.
Este y no otro fue sentido de la guerra de medios desatado en
torno a Microssoft.
Todavía no se puede permitir que el gran ojo de un genio
de las realidades virtuales, pueda liquidar mercados y así
las seguridades nacionales, con solo viajar a velocidades de maus,
por el pequeño planeta tierra.
Las paredes oyen, es ya una frase anticuada y todos lo sabemos.
Sin embargo, el temor hacia la figura del delator causa todavía
indignación y escándalo, cuando ya el ismo totalitarismo,
nos muestra claramente que las viejas y arcaicas formas del nazismo,
se ocultan tras una realidad, tal vez anodina, pero no por ello
, menos mortal que los campos de concentración.
EL ESCÁNDALO KAZÁN
Elía
Kazan es para los amantes del cine, nada menos que el director
de "Nido de ratas", o "Un tranvía llamado
deseo", entre otras obras cumbres del séptimo arte,
y el hombre que plasmó en la pantalla el sueño americano
de un teatro propio, encarnado en el método elaborado por
Lee Strasberg, prototipo a su vez del yanky soberbio y luchador.
Las carreras de ambos coincidieron y Elía fue - quizá
- el mejor propagador de las enseñanzas del maestro. Lo
que Lee olvidó decirle a Elía, -en los trágicos
días en que la Paradójicamente Hollygood ya se habia
pronunciado tempramamente sobre esta plaga, Cuando en 1935 otorgara
el oscar de mejor actor protagonico, al actor Victor MacLanglen,
por su interpretación de un delator en el clasico de John
Ford, “El Delator”.
En aquella temprana epoca en que la depresion economica ( que
no es otra cosa que la baja Inmune de una cultura determinada,
de un pacto social determinado ) hacia estragos, la casa de brujas
comenzaba.
Los Harry Cohn, los Edgar Hoover, etc., no fueron inventados por
Goebbels ni menos, soñados por Rohm. Tampoco – podriamos
agregar, - el cardenal Spellman – o el mismisimo cuidadano
Hersth, Total que todos se equivocan y el mismisimo Winston Churchill,
elogiaba a Hitler como el patriota que Necesitaba Alemania para
dar batalla a los tiempos de crisis.
Que tiempos quedan siempre para corregir los ángulos de
visión o replantear las estrategias globales de alianzas,
con las cuales enfrentar enemigos comunes.
Aunque Stalin no viera en Hitler jamás un enemigo, hasta
el momento en que los panzer comenzaron a desplazarse sobre territorio
soviético. Así que las fronteras se desplazan, confunden,
y ( no se trata de relativismo sino de realismo ) , el mal no
se encarna fácilmente, ni aun en la figura del delator.
El delator Elia Kazan por ejemplo.
ÉTICA Y ESTÉTICA
Martín Ritt retrató ejemplarmente en "El testaferro"-
que de eso sabemos los correntinos más que nadie en el
mundo-, (película en la cual trabajaba junto a Woody Allen,
el magnifico Zero Mostel, quien en la realidad fuese una dé
las víctimas de la persecución encabezada ya en
las décadas del 40 y 50 por el senador MacCarthy ) las
angustias de una sociedad presa del pánico, y de las trampas
y artificios jurídicos de la cuarta enmienda de la Constitución
Americana, que paradójicamente recordaba las pruebas a
las que sometía el tribunal inquisitorial, a los acusados
que no tenían escapatoria : si hablo me salvo pero soy
culpable, si no hablo no soy culpable pero soy el “delator”.
De que la delación - no deseada con seguridad -, formó
parte de la patología política de la sociedad norteamericana,
no cabe la menor duda, pues se trata de la misma sociedad que
construyó campos de concentración para japoneses
con ciudadanía norteamericana, como modo de así
evitar las angustias de las sorpresas equivocas. De que la delación
fue parte de esa psicosis colectiva que obligó a Chaplin,
Wélles, Losey - entre otros -, a buscar refugio a Europa,
tampoco cabe duda.
De que Elía Kazan, delató a sus, amigos guionistas,
actores, directores, acerca de presuntas simpatías filocomunistas,
es un hecho que nadie discute y - hoy más que nunca -,
nadie parece olvidar, cuando la Academia parece decidida a compensar
sus aportes al séptimo arte con un Oscar honorario. .
Pero, aunque responsable en parte de desgracias particulares,
es responsable Kazan de haber pertenecido a una sociedad profundamente
enferma, en la cual son pocos los que están libres de otras
y no menos honerosas culpas, y de haber cedido al terror que el
absolutismo de lo colectivo, ejerce en personas no suficientemente
fuertes para soportar la compulsión de lo que amenaza con
descomponerse y entonces necesita de súbditos y convictos?
La estética no está reñida con la ética.
Pero no siempre ambas conviven en una misma esfera. No es así.
No en la vida de tos seres humanos. Y la indignación que
circula en Hollywood (Rod Steiger, Kirk Douglas etc.), por este
merecido homenaje a un gran artista, nos retrotrae a la necesidad
que tiene toda sociedad de exorcizar sus temores, buscando un
castigo ejemplar sobre una figura fácilmente detestable:
el delator. Soto que ahora éste delator se llama Elía
Kazan.
La delación, - ahora que todos somos visibles y sospechosos
-, ahora que Billy Gates ha ganado la batalla, no deja de ser
un pecado venial. Tal vez también la genialidad lo sea,
y ambas aún más, cuando juntas conviven en una misma
persona. Pero se trata de la condición humana. Y una basta
zona de penumbra rodea ésta zona. La zona.
Elía Kazan es ya pasado como hombre y aún será
mañana cono cineasta. Cuando la estatuilla llegue a sus
manos, no se le debe castigar con el silencio ni con declaraciones
moralistas. Se debe callar con humildad, porque todos llevamos
sobre la frente, el estigma de esta condición. La humana.
Y ella constituye ya un castigo que debemos sobrellevar, lo más
digna y pulcramente que podamos.
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