Un “Capote” que no aporta nada
por Oscar Portela
Cuando y esto no lo hizo notar ningún cronista Truman Capote se burla de James Baldwin quien acababa de escribir “El cuarto de Giovanni” muestra el grado de anestesia ético moral en la que vivió toda su vida.
Baldwin el gran novelista era un activista de los derechos humanos que debió exilarse en Francia para proseguir con su tarea.
Pero a Truman Capote le interesaba más poner en ridículo la trama de una narración en la que un judío se enamora de un negro lo que para “el niño” constituía un escándalo pues el tema encaraba los peligros del amor versus la xenofobia racial y social.
Esta anomia en la que vivió toda su vida el “genio Capote” tal como se autodenominara (la necesidad morbosa de ser reconocido utilizando los escándalos del mundillo que frecuentaba) terminó con el total rechazo de aquellos que lo llevaron al podio de la fama.
Mas como todo narciso arribista que no respetó ninguna regla del juego hipócrita de esa sociedad a la que pertenecía (desde los Kennedy a Brando al que trató de homosexual) le quedaría luego la amarga soledad y el fracaso final como creador, luego de haber realizado su pretendida “obra cumbre” – (¿obra testimonial porque periodística?) “A Sangre fría” en la que reza por la muerte de un ser que parece amar (¿amor o culpa?) para que novela alcanzara record de ventas.
El film de Benett Miller sobre texto de Gerard Clarke en si no trae nada nuevo a la pantalla y menos el retrato del verdadero Capote.
Las actuaciones son correctas no brillantes y el guión también mientras la cámara se mueve correctamente y después nada.
Seymour Hoffman encaja en Capote lo que no lo convierte de por sí en gran actor.
Pero Hollywood debe exhumar de vez en cuando estas momias – después de Faulkner nadie- para que el lector siga creyendo que Capote es una especie de Proust de la Literatura Americana.
Oscar Portela |