Homenaje a Michael Caine

por Oscar Portela

a mi amigo Alfredo Vara

Un de los pocos actores en el mundo de la cinematografía que pudo dar replica a Lawrence Olivier en una obra teatral que J.L. Mankiewicz llevó a la pantalla. Decir ahora que Caine no es solo un actor con un oficio perfeccionado por su dilatada trayectoria- lo que significaría ignorar que perteneciendo al linaje de los actores "intelectuales" a la manera de Mason o más recientemente de Iron- supera inclusive a aquellos pares ( con la excepción de Gilgud) pues su monumental manejo de todas las posibilidades de las técnicas interpretativas - por supuesto que las del teatro inglés- son sus armas - y aquí debemos recordar y homenajear a Bogarde - le permiten convertirse en un camaleón de la pantalla.

Alguien que puede asumir las facetas mas complicadas de la vida interior de un personaje, introyectorlas y sacarlas a luz sin utilizar más que la fuerza de la expresividad interior más honda que que es la del actor tridimensional solo pocos pueden poner en movimiento.

Careciendo del histrionismo y la vitalidad de Finney o el registro trágico de un Harris, Caine -y un actor menospreciado por Hollywood como Terence Stamp- son las últimas reliquias de los grandes de las escena que nos legó la segunda mitad del siglo XX.

Solo un Klaus María Brandauer en Alemania o un Gerard Daperdieu en Francia pueden equiparársele en lo que respecta al registro interpretativo.

Empero ningún actor de Hollywood hoy - ni siquiera el mejor tiene su envergadura : mostrar como lo hace en el filme que nos ocupa estrenado en Argentina como "Siete Asesinatos" - o "La Sentencia " o mas justamente "El enjuiciamiento" a un hombre anciano torturado por los fantasmas del pasado, sereno y al vez encrespado por crisis de pánico,negándose a matar pero obligado a hacerlo es lo más difícil que puede pedirsele a un actor.

Entender que la culpa se convierta en pesadilla y que el sino trágico como consecuencia de la ambigüedad moral de una religión que colaboró con el nazismo sean las articulaciones de la patología del personaje de Michael Caine nos exime de mayores argumentaciones para afirmar que es una de sus interpretaciones más perfectas realizadas a lo largo de una carrera extraordinaria.

Jewison lo acompaña como el buen artesano que fue siempre. Los de aquellas década del setenta como Rafelson o Pollack sin ser maravillas del séptimo arte se extinguen bajo las cenizas de un volcán de efectos especiales que convierten el cine en recipiente del "video-games" y no en el canon mayor o menor que los hombres de mi edad estábamos dispuestos a disfrutar.

Pero en estas líneas rendimos tributo a un genio y en honor suyo guardamos silencio.


Oscar Portela

     
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