SÓLO PARA LOS ADICTOS AL CINE
por Oscar Portela
Fuerte demasiado fuerte ver a un Peter Finch joven y un primer plano de la Mercuri paseando por toda la gama de la emociones humanas en un fugáz instante: (derrota, abandono, decepción, rabia y sobre poder poder ( ¿ saber?) mostrar las mascaras que se ocultan tras las máscaras) y fuerte demasiado fuerte ver a Romy Schneider en la plenitud de una belleza femenina que alcanzó en "La califa" una dimensión equiparable a la del animal más hermoso del mundo. Una Ava Gardner de los sesenta.
Ninguna belleza del cine de las últimas tres décadas logra rozar siquiera el aura que se concentraba en sus fulgidos ojos color topacio. Pero lo realmente fuerte de este filme es ver a tres iconos irrepetibles en un mismo cuadro fotográfico.
Es una historia de pasiones encontradas no de amor como acostumbra a decirse. El principio de una tragedia consumada a medias. Se trata de un cine que no se hace más.
Y por muchas razones.
Primero por que el guión era de Marguerita Duras y segundo porque la dirigía Jules Dassin casi siempre tenido en menos por los críticos más intelectuales.
Segundo porque está en fotograma una realeza de la escena: Miss Melina Mercuri luego Ministro de Cultura de Grecia.
El señor Finch que murió después de filmar "Poder que mata" bajo las órdenes de Lumet pertenece a una generación de actores ingleses que difícilmente pueda emularse por esa cota de virtuosismo que marcó a fuego la década de los sesenta en Inglaterra.
Sobriedad, contención y por dentro un volcán que apenas disimula sus exasperaciones. Magnifico, soberbio como siempre este actor que por primera vez dió vida a Oscar Wilde en el cine.
Y Melina que pasaba de ser una despreocupada prostituta de los puertos de Atenas (Nunca en Domingo) , a las "donas" mas sofisticadas del cine o las trágicas de filmes como "Fedra", "El que debe morir", "Grito de Mujer" ( ella misma esposa de Dassin) y una actríz que da la curiosa sensación en quien la ve de estar narrando siempre su propia historia.
Un cine que no se hace más porque no puede hacerse más.
La España de Dassin es creíble y por cierto en las últimas escenas logra fotografiar un Madrid espectral y tan desierto como el alma torturada de sus propios personajes.
Y con seguridad la de la Duras.
Oscar Portela |